miércoles, 8 de julio de 2020

Réquiem por los cafés y ciertas rutinas

Si algo nos impone este tiempo raro* de limitada movilidad y distanciamiento social, es que nuestras rutinas sean reemplazadas por otras. 

En el oficio de escritura al que me he dedicado, en algún momento del día siempre estoy buscando un café para tomarme una taza de tinto, chorreado (como le dicen en Costa Rica) o colado fuerte, y después del primer sorbo, en el justo punto de calor y aroma, dedicarme a garabatear algunas ideas que poco a poco se van hilvanando con otras. Esta si se quiere rutina cliché del escritor o escritora, la he venido implementando desde hace años. Tanto así que cuando viajo, trato de buscar los lugares donde escritoras y escritores se iban a ver pasar la costura sobre, debajo y encima de sus pensamientos. 

En mis viajes al sur, en el pasado reciente y lejano, siempre estuve atenta para ir a hacer el "tour" por los cafés famosos como el London City, en Buenos Aires, del cual Cortázar era asiduo, y el Brasilero, en Montevideo, el cual Galeano inmortalizó y llegó a llamar su segundo hogar.



Foto: SandraE of course! London City Café, mesa donde se sentaba Cortázar a escribir.

Café Brasilero, Montevideo


En combo de amigas sentadas en una mesa en las que Galeano escribía.
En Cali, mi ciudad, los cafés que bien me han recibido, el café BC Coffee, el café Dulcinea y el Mulato café, están cerrados hasta nueva orden de la alcaldía municipal. Por eso, la marcha por un café para escribir, la he tenido que suspender, y la verdad, los días sin cafés a donde ir a sentarse a reflexionar la propia vida, son terriblemente insípidos. Las palabras para describir lo que nos pasa se atrincheran y aguardan en el abismo de las esquinas de las páginas en blanco. No hay como el placer del encuentro con los amigos y amigas, cara a cara, frente a una humeante taza de café colombiano, así no se escriba nada y se hable mucho.

No encuentro rutina de reemplazo posible para esta maravillosa atracción al café en los cafés, las palabras y las historias.  

* Llámese así, a un tiempo de virus, coronas y otras locuras a nivel mundial.

miércoles, 3 de junio de 2020

Bendita tristeza en tiempo absurdo

No sé de qué está hecha la tristeza. Cuando llega a la vida es mejor darle una gran bienvenida y dejarla ser. Dejarla que invada cada respiración y cada paso. Que se aposente y te cubra como una fina capa de lluvia que se va deslizando. Una suerte de baño necesario. Por estos días, la tristeza ha decidido instalarse un poco en la vida. 
Las noticias en mi pequeño país (exterminio sistemático de liderazgos sociales, corrupción, presencia de militares extranjeros en no se sabe qué misión, economía en franca recesión, etc.) la invitaron a desplegarse. Luego entre las historias que cotidianamente se recapitulan en la sección internacional de los noticieros y las redes sociales, ese despliegue inicial de fina lluvia, se convirtió en un pesado manto, un torrente que lleva a muchas preguntas ( "I can't breathe", George Floyd).  La principal de ellas ¿por qué es todo tan absurdo e injusto?

El tiempo del absurdo llegó a acentuarse con este miedo feroz a un virus y de allí, adquirió dimensiones demenciales y apocalípticas. El 3% de la población del país, que es de 50 millones de habitantes, estaría en riesgo de morir por el pequeño intruso ( o debo escribir el pequeño maestro). Eso en números redondos equivaldría a 1.5 millones de personas que debido a complicaciones severas podría dejar de respirar de repente. Terror. El terror ronda la tristeza.

Sin embargo, hoy salgo a caminar la ciudad después de 2 meses y medio de no hacerlo y veo una urbe adormecida, despertando de su letargo.  Las vías principales sin caos vehicular, a excepción de "una marcha de hambre" motorizada, protagonizada por los conductores de los pequeños buses, o micros, que se declaran en estado de S.O.S., por no tener trabajo, y por ende, no tener cómo soportar a sus familias en el diario vivir.



Los locales comerciales, en su mayoría cerrados. Los pocos que hay abiertos, con maniquís afuera y adentro, tratando de remedar una multitud inexistente. El servicio de transporte masivo sin montonera de gente, como siempre lo hemos soñado. El conductor detrás de una pesada cortina transparente para que no le llueva la bendita tristeza encima. Indolencia de maniquís veo entre los seres humanos ante hechos en los que deberíamos saltar cual lámina de ajo en sartén caliente. No trepidamos más. ¿Nos hemos acostumbrado? Segunda capa de tristeza.


A veces tienes que dejar sencillamente que la tristeza y el absurdo te invadan.  Y aunque el corazón se agobia y la bruma de la melancolía te cubre, el sol sigue allí estallando contra la hierba. El árbol sigue firme. La montaña imperial trae murmullos de viento y cantos de pájaros que viajan en manada.

viernes, 1 de mayo de 2020

Sin bicicleta no hay punto de fuga en cuarentena

"Vale, necesitamos mantener una distancia física, pero solo superaremos la crisis si logramos un acercamiento social y un fortalecimiento de nuestras redes comunitarias a nivel planetario". Mónica Roa, activista internacional de los derechos de las mujeres

"Necesitamos una nueva visión, una visión distinta del futuro, y los líderes en los principales países no tienen esa visión. Son las nuevas generaciones las que pueden realmente actuar". Jeremy Rifkin, Sociólogo y activista

Usualmente este primero de mayo estaría analizando cómo sumar a una actividad, una marcha o un concierto en el que se exaltara el espíritu de la celebración del día del trabajo. Este año no podré hacerlo porque estamos en tiempo de pandemia; por lo tanto, en cuarentena.

¿Nos ha obligado este tiempo a reinventarnos como personas? Decido hacer dos cosas. Poner los jugos creativos en acción para garabatear algunas ideas,  y lo segundo, entrar en contacto con algunas personas amigas para preguntarles. ¿Cómo ha sido la reinvención de nuestra vida tanto en lo personal como en lo laboral, al enfrentar una medida restrictiva que nos lleva a evitar a toda costa la socialización, el hacer parte de lo público, para mantener la salud y la vida?

Algunas reaccionaron de manera rápida para exponerme que su reinvención ha hecho que se hayan regalado tiempo para hacer cosas que querían hacer como "meditar todos los días, hacer ejercicio físico al menos 5 veces a la semana, estudiar un idioma nuevo, en otras palabras, (...) he adquirido más disciplina” (1). Otra dice que sigue en el plan "dejándome ir sin apuros, muy conectada con la tierra y muy atenta con el aquí y el ahora" (2). E incluso, una persona, escribió: "No he logrado reinventarme...enredado con mucho teletrabajo, sin lograr equilibrar el placer con el deber. Me han salvado...mis fugas cotidianas en la bicicleta" (3). Las otras personas no reaccionaron.

En este tiempo raro, como he decidido denominarlo, seguimos intentando vivir lo mejor que podemos, adaptándonos a las circunstancias. Para algunas personas significará la vida en clave de abundancia, de tiempo para hacer lo que no han podido y ganar disciplina; para otras, vivir en la cadencia que la vida misma les ha impuesto. Si ésta se ralentiza y ya están agenciando una forma de vivir sin prisa, significa seguir el ritmo, sin acelerar. La persona para quien la vida es la búsqueda de un equilibrio, su meta seguirá siendo encontrar balance, con o sin cuarentena. 

En fin, mi apreciación es que así como he manifestado no creer en teorías de conspiración detrás de esta pandemia (ver sandraoye.blogspot.com/2020/04/la-medicina-de-la-ciudad.html/), no creo que cuarenta días de encierro, nos cambien. La idea de la reinvención del ser, mientras salimos de nuevo a la calle, suena fenomenal por youtube como un tema de autoayuda. Sin embargo, en un contexto práctico, tiendo a alinearme más con el hecho que seguimos como seres humanos en la inercia general que traíamos, experimentando nuevas rutinas. Una amiga, maestra presencial, me compartía que está ahora abocada a ser maestra virtual, con retos y desafíos más grandes que antes y  con mayor sensación de esfuerzo (4).

Foto: SandraE Of course! Chicago, 2011
Quizás lo que quede después de la cuarentena, sea un momento de revelación interior para una que otra persona, al experimentar que no puede seguir viviendo la vida que tenía. Sería todo un logro que para un “nosotros” como colectividad de seres humanos, implicara un ¡eureka!
(en griego εὕρηκα héurēka"¡Lo he descubierto!"; perfecto indicativo de εὑρίσκω, ‘descubrir’)(5) 
y a partir de allí decidiéramos empezar a construir un futuro con conciencia interior y exterior, con nuevos ejes y estándares, donde prevaleciera el respeto por la naturaleza y la vida con dignidad para todas y todos. Parece que ya hay partes en que está ocurriendo. Desafortunadamente no creo sea el caso de Colombia.

Sin bicicleta no hay punto de fuga.

(1) M. Zuñiga.
(2) M. A. Gómez.
(3) H. L. Angel.
(4) T. Mendez.
(5) Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Eureka!



miércoles, 8 de abril de 2020

La medicina de la ciudad

Hace quince días en mi país, Colombia, la normalidad ha sido interrumpida por una amenaza en la forma de un virus que está segando vidas en ciudades de países del continente asiático y europeo. Ya llegó al paisaje del continente americano, dejando una piña de ataúdes y las calles vacías. Las muertes suman cerca de 80.000 en el mundo. 

Hace días debió aparecer esta entrada, lo sé. Esta época declarada cuarentena obligatoria y de aislamiento  social por el virus en el mundo, ha puesto el tiempo a correr de manera distinta. Se estira y contrae, para volver a estar impasible en el tic-tac-tic-tac de las manecillas del reloj.  

La cuarentena nos arrincona en un lugar para que no salgamos a exponernos. Los editoriales de los diferentes medios del mundo han hecho toda suerte de vaticinios. Están los que auguran que después de esto vendrá el colapso del capitalismo salvaje. Los que sostienen que es una suerte de mensaje que quiere dar la madre naturaleza, o los que insinúan, es una conspiración asiática para darle una lección a occidente que no olvidará. No me alineo con ninguna de las opiniones. Sencillamente, creo que sí toca entrar en la quietud, y quizás, aprovecharla para hacer un ejercicio de reflexión que nos cambie.

Hace tiempo vivo entre la ciudad y el campo. A mis estadías en el campo las denomino la medicina de la montaña (Ver entrada, sandraoye.blogspot.com/2019/05/la-medicina-de-la-montana.html). Eso significa que he estado en aislamiento elegido desde hace algunos meses. En tiempos como los que corren encuentro poderosa esta medicina de rincones verdes por explorar, mientras el mundo se encuentra experimentando paranoia y desasosiego.
Foto: SandraE of course! Caminata por Corregimiento Los Andes,
La paranoia y con ella, los estados alerta -que para el cuerpo usualmente implican inflamación y una respuesta que deprime nuestro sistema inmune- parecen estar en apogeo. Una amiga a quien en estos días pregunté cómo estaba, me compartía: “Yo estoy un poco paranoica...dijeron que había un contagiado en la unidad (residencial) así que me da mucha ansiedad salir aunque sea a regar las matas fuera de mi apto". 

Estados así, paranoicos y ansiosos, nos hacen alejarnos de lo que posiblemente es nuestra medicina de la ciudad: regar las plantas y cuidar un jardín. Nos queda mucho por delante. Mientras sorteamos la espesa niebla de la incertidumbre durante este tiempo de reclusión obligatorio, simplemente, quedémonos en casa sin paranoia ni ansiedad. 

Foto: SandraE of course!
Contemplemos. Meditemos. Reguemos las plantas y pensemos en todo lo que está floreciendo en el mundo gracias a la cuarentena. 


jueves, 19 de marzo de 2020

De las mujeres en el 2020, año de cuarentena


Dedicado a Manuela Zuleta Murcia y Sofía del Pilar Álvarez Gómez
"Lo peor que me ha pasado es haber nacido mujer", joven de 18 años, Enero 2020

Sentencia esta que una no esperaría escuchar a comienzos de año.

Consultando en un foro abierto como el de las redes sociales sobre qué podría decir ante este tipo de sentencias, una maestra, amiga de algunas orillas de la vida, Vilma Penagos Concha, dice que las opciones podrían ser: a) decir nada; b) “tal vez diría que el ente mujer no existe, que su problema es un falso problema”.

Me incliné por la opción a). Sin embargo, me queda un agridulce sabor en la boca y heme aquí. Intento con urgencia encontrar una respuesta para saber qué diré o haré ante la próxima joven de 18 años, que me salga con semejante frase en esta era qué ya ni sabría cómo calificarla. ¿Sería la del post-feminismo, una en la que no existimos?

El feminismo ha sido construido por mujeres que quizás en algún momento pensaron que lo mejor que les había pasado era nacer mujer; sin embargo, las condiciones de su entorno, parecían ignorarlas, no respetarlas. Estuvieron cómodas en su piel sintiéndose incómodas al no ser reconocidas en las medidas justas: La humana y la política. Ellas decidieron entonces dar aliento a un cuerpo de conocimiento y cuestionamiento sobre el hecho de nacer mujer en tales condiciones. Las voces que hicieron que este cuerpo hablara fuerte y claro provienen de muchas mujeres quienes desde la academia, la filosofía y la literatura, principalmente, expresaron lo que pensaron y elaboraron propuestas de cómo cambiar el estado de las cosas. Cuando estas cosas se empezaron a implementar, el feminismo, pasó de ser un cuerpo y muchas voces, a ser un movimiento social revolucionario que pervive.

Foto tomada por SandraE of course! en Matagalpa, Nicaragua
No es mi intención listar a todas las mujeres que aportaron a la construcción de esta teoría/acción, traer ahora la historia del feminismo mundial y sus olas o diferentes expresiones en lo que se conoce hoy como feminismos diversos, ni enumerar los logros del movimiento en sí (Puedes votar? Gracias a quién? Puedes ir a la universidad? Gracias a quién? Puedes elegir y ser elegida? Gracias a quiénes?).

La próxima vez que me digan, "lo peor que me ha pasado es haber nacido mujer", lo primero que haré es decir: “Te entiendo”. Y luego, amorosamente con una gran sonrisa, entregaré un kit esencial para no feministas que considere una bibliografía esencial y múltiples enlaces a películas sobre lo que ha sido experimentar este sentimiento de injusticia y de “rabia ética” global [1]a partir del cual se construyó un camino y un puente trazado por el feminismo para que las mujeres y niñas lo cruzáramos y nos encontremos donde estamos ahora.

Para finalizar podría, si todavía la joven está atenta, compartir que hubo un fenómeno, en el 2019, en el que el rumor de tantas naturalizaciones de lo incorrecto e injusto, desbordó las copas de tantas culturas y mujeres en este planeta tierra. A través de un performance, llamado “un violador en mi camino”, creado por un puñado de mujeres, Las Tesis[2], se logró tramitar públicamente, un secreto a voces : la violencia tolerada por los estados contra las mujeres y niñas. A la mayoría de ellos, las mujeres y las niñas, no importan. No se comprometen lo suficiente para que no crezcan creyendo que lo peor que ha pasado en sus vidas es nacer mujer. En realidad, lo peor es nacer mujer en estados cuyos gobiernos no hacen lo que corresponde para proteger el lugar, la piel, la sangre que corre a través de la vida de las mujeres.

Foto tomada por SandraE of course!








[1] Ver “She´s beautiful when she´s angry”. Ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Zq3wYppj804
[2] Las tesis es un colectivo feminista de Valparaíso, Chile. Ver performance original aquí: https://www.youtube.com/watch?v=aB7r6hdo3W4

viernes, 21 de febrero de 2020

El país de las 4 C´s

Lo inevitable pasa. Llega el momento de decirles adiós a las experiencias viajeras y con la despedida, los pensamientos y sentimientos de lo que trajeron. Uno siempre recuerda lo que siente. A eso le llamamos memoria corporal. Para recordar lo que pensamos, escribimos. Yo, escribo, al menos.
Foto: SandraE of course! En una vía en Miami, Florida
Este viaje ha concluido con un estado de "eureka" con respecto a los Estados Unidos de América o los Estados Unidos de Norteamérica, como me dijo un amigo sería más correcto llamarle. Como sea, Estados Unidos de América es un país que tiene sin duda sus encantos y sus múltiples destinos viajeros. Ciudades que nunca duermen, como Nueva York y otras, donde sí duermen y siguen soñando el "sueño americano". Uno que cada vez es más parecido a la "pesadilla norteamericana"* dicen por allí.

En el pedacito de tiempo que estuve tuve la siguiente percepción. Este es el país de las tres C: carro, comida rápida y control remoto.

Las ciudades intermedias o pequeñas te ofrecen tranquilidad a borbotones; sin embargo, no cuentan con sistema de transporte público. Eso significa que son ciudades donde moverse en el perímetro urbano o a sitios vecinales, o remotos, te impone el uso del carro. Sin carro, no hay paraíso.

En el tema de la comida la norma es que, dado que la mayoría de las personas tienen su tiempo comprometido básicamente en el trabajo que les permite hacer el dinero que requieren para pagar las cuentas ( pago de cuota de casa, gasolina, alimentación, servicios y reparaciones, diversión, etc.), cocinar es un lujo. Hay que simplificar lo relacionado con la preparación de alimentos y eso toma forma de dos maneras: (1) utilizas mucho lo que está procesado y enlatado, o (2) comes comida rápida de sitios que las preparan para ti. Tu opción es variada: desde Mac Donald´s, Taco Bell, Pollo Tropical, Denny's, hasta algo conocido como "cantinas" donde puedes llamar a que te envíen a domicilio los menús del día.

Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale Foto: SandraE of course!
El control remoto, ese adminículo que utilizamos ya en muchas partes del mundo, en este país es un objeto coleccionable porque ya no se trata de uno o dos de ellos; hay tantos como aparatos existan en una casa, para pasar horas y horas disfrutando del entretenimiento, en el caso de la televisión, en forma de películas, noticieros, diferentes series y programas. Lo que no vives en la realidad, lo vives sentado o sentada frente a uno de estos aparatos que son la manera fundamental de relacionarte con el mundo. Y si no trabajas fuera de casa, por una u otra razón, ellos son tu compañía.

Creo que olvidaba una última C. La de las compras o el mundo del shopping. Un mundo en el que definitivamente cada que puede, la ciudadanía se sumerge para adquirir los bienes y servicios del día a día; otras veces, lujos innecesarios que son posibles gracias a la magia del dinero plástico, como es el caso de las tarjetas de crédito, que circulan de manera abundante entre personas de diversos perfiles y ocupaciones. Para ir de compras, necesitas usar la primera C: carro.**

¿qué pasa o qué hay de raro en este escenario? Carros, comida rápida, controles remotos y compras... ¿no son cosas afines a todos los países y culturas?  Claro que sí. Sin embargo, me llamó poderosamente la atención cómo las personas se entregan a estas actividades de manera excesiva: Cada casa necesita varios carros, cada fecha sin importar cuál es, es día de hacer compras y, hay un arsenal de electrónicos y controles, casi para cada persona o habitación de una unidad familiar.

En este país de más de 300 millones de habitantes, hay cierta compulsión y vehemencia en los consumos. Todo parece desmedido. Haga si tiene la posibilidad la próxima vez que viaje allí, el experimento de ir a mercar a un establecimiento comercial como Walmart, Publix, Whole Foods o Winn Dixie y cuente el número de bolsas plásticas en el que le empacan las compras. Son montones.

Y claro, surgen las miradas de contraste.

En otras geografías del mundo, se intenta ser amigable con el planeta y se actúa tratando de regularizar y penalizar los excesos. Aquí en Colombia, tenemos regulaciones y controles, hasta cargos por contaminar-  o usar objetos que contaminen. Por ejemplo, lo de pagar por las bolsas de plástico para cargar los víveres que se compran y consumen. O el famoso pico y placa para la restricción de la circulación de automotores en el día. Parece cómica, por decir lo menos, nuestra preocupación por la ecología y por un planeta verde, como país de 48 millones de habitantes, frente a este vecino del norte, donde más de 300 millones de personas están dando forma a su existencia dentro de un modelo que parece más un síndrome: el de querer comprarlo todo, consumirlo todo, agotarlo todo y ansiar más***.

Volví pensando que es en esta mirada de contraste que uno descubre las realidades contradictorias. Lo único que queda es seguir intentando hacer lo que esté al alcance para contrastar más y más las miradas porque es de esta manera que logramos identificar, en medio de este panorama, personas y organizaciones que están haciendo lo posible por vivir en un mundo más sostenible y menos injusto. Así fue que, por puro contraste, encontré a Rob Greenfield en el internet. Rob es un aventurero, activista medioambiental con perfil humanitario que está empeñado en ser agente de cambio y busca desarrollar nuevos modelos para la vida armónica con el medio ambiente****. Rob independientemente de su país y cultura, tiene proyectos que gritan que otro mundo es posible. Como él hay personas que, día a día, intentan no adaptarse a los síndromes que les han sido impuestos.

Ya lo decía Jiddu Krishnamurti, "No es signo de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma". 
Hay que viajar para volver y echar la vista atrás. Sin desesperar ir por el mundo y seguir buscando y descubriendo miradas de contraste y realidades contradictorias. Feliz resto de febrero 2020.

* Contribución de un par de lectores de mi artículo que me pareció válido de incluir después de escrito, hoy febrero 28, 2020.
** Otra vez gracias al lector Hernando Llano A. se modifica el artículo. El sugiere que la C de compras ha llevado a que en Estados Unidos la C de la de ciudadanía se haya cambiado por la de consumidor/a.
***En Netflix se pueden conseguir documentales que son un buen material para entender cómo funciona el consumismo, por ejemplo, en la moda. Para esto, ver "The true cost".
**** Ver más de Rob Greenfield en https://robgreenfield.tv/ y en https://www.facebook.com/RobGreenfield/photos/a.278209438972808/2577331509060578/?type=3&comment_id=2579010895559306&notif_id=1581957716062761&notif_t=feedback_reaction_generic)

sábado, 25 de enero de 2020

Entre viajes

Soñamos con viajes interplanetarios, con viajes astrales y, quizás, con tele-transportarnos. Nuestra imaginación que puede con todo nos alienta. Algo que quizás no hemos intentado lo suficiente, es viajar mientras estamos de viaje. Y no. No estoy hablando de las medicinas sagradas como el yagé o ayahuasca. Nombro así a aquellas experiencias viajeras en las que dentro de un viaje dialogas con otras personas, quienes están  de viaje también, y en ese cruce de historias y exploración de realidades, te hacen emprender nuevos rumbos.
Este telar de relatos tejido con personas que habitan otras latitudes mientras viajas, te permite dar una  mirada a tu mundo, visualizar una perspectiva del suyo y converger o divergir en lo esencial de quién eres y cómo vives.
A veces dicha oportunidad entre viajes, deslumbra. Otras…no tanto.
Me acaban de pasar ambas cosas. 
Deslumbrante.
En la primera semana de mi viaje actual, compartí con personas que viven en un tercer país, quienes migraron hace más de 20 años de Colombia buscando nuevos horizontes. Entretenida me entero sobre cómo allí, en Francia, país que está en paro y tiene movilizaciones desde el año pasado, hay personas que al vivir en municipalidades comunistas, reciben un "carrusel" de derechos sociales por el simple hecho de morar allí. Es decir, por vivir en dichas comunidades, estas personas ven la cristalización de muchos de sus sueños de modo pleno. Tener acceso a vivienda de modo gratuito o a muy bajo costo, derecho a la educación para sus hijos e hijas y a la salud propia, subsidiados, son algunos de ellos. El punto es que estas municipalidades "rojas" como se les conoce, no son todo Paris. Y de allí, el clamor general de una  ciudadanía que despliega su inconformismo frente al status quo; una ciudadanía que sigue "rebelándose" porque se siente vulnerada ante la disparidad y el desequilibrio imperante. La magnitud de su insatisfacción, transformada en protesta y resistencia, se vuelve huelga, plantón y movilización en calles y bulevares, exigiendo mayor libertad política, igualdad y el fin de la multifacética y camaleónica corrupción. 
Foto: SandraE! of course
Alarmante. 
En la última semana, pude conversar con una mujer de Honduras quien al comentarle que, años atrás, por razones de trabajo había vivido en este país, compartió conmigo algunas palabras durante su recorrido en el metrorail o transporte masivo de Miami, Florida. Cuando pregunté qué tal estaban las cosas en su país, me dijo con una sonrisa melancólica, " muy mal". Mencionó la falta de trabajo, la violencia generalizada por la presencia de maras[i] y grupos de delincuencia común, y la corrupción en la policía, como los principales males que aquejan a las personas en estas tierras. “Los mareros están asociados con las fuerzas de la policía. Porque ¿cómo se explica que las personas que ponen denuncias cuando son atacadas por estas pandillas, luego aparezcan muertas?". Al final, me habla, o mejor, me confiesa, que teme por su hijo joven quien se encuentra allá todavía; aunque le pagó sus estudios y los terminó, no encuentra un trabajo con un salario digno. "Yo le he dicho: mejor quédese en la casa cuidándola y yo le mando dinero". 

Viajas entre viajes. De la orilla del asombro al mar de la desesperanza.  Qué contrastes y ribetes de realidad tan diversos existiendo al mismo tiempo! Y podrían surgir infinidad de preguntas ¿qué tendría que hacer una sociedad como la hondureña para estar como la sociedad de la tierra de la liberté, egualité y la fraternité? En un momento las historias convergen y sabes desde dentro, que entre Francia y Honduras hay más trecho que el océano Atlántico.




[i] Maras, forma de pandillas originadas en los Estados Unidos que se han extendido a países como El Salvador, Honduras y Guatemala. En https://en.wikipedia.org/wiki/Mara_(gang)