viernes, 18 de septiembre de 2015

Eres grande Colombiaaaaa: Pacífico amoroso

Aquí estoy: Es Julio 27 de 2015 (aunque en la entrada a este blog hayan pasado casi 2 meses) y estoy viendo llover con vista al mar Pacífico que se asemeja a un lago con pliegues de diferentes texturas. Un agua con texturas. Estoy en el archipiélago La Plata, Bahía Málaga, en el proyecto de ecoturismo comunitario, Ecomanglar. Una idea promovida por Janet Rojas que ahora analizo como una de las mejores ideas de los últimos tiempos. Vinimos con amiga común, María Cecilia Paz y con una sobrina adolescente de Janet, María José, muy calamada que suena bastante raro para la edad. Hemos estado desde ayer y hemos pernoctado en la Isla La Peregrina y ahora en la caseta comunitaria de La Plata. Una morada humilde, sin comodidades ni lujos. Su baño muy decente que para mi, es el criterio definitivo para estar o no estar en un sitio.




La vida es diferente aquí. La vida es otra cosa desde que a una la despierte un graznido de pavo. Y esto se siente así: día nublado, cargado de grises, azúl, verdes ópacos. Luz tenue y nada agresiva filtrándose por la ventana. El mar, un lago.
Estoy aquí. Vine por un entusiasmo y también porque pensé que estar en un viaje con amigas entrañables y solidarias, amorosas no es cuestión de todos los días. Entonces pude ver en este viaje más allá para encontrar los hilos que tejen la amistad más fuerte y resistente al clima y al temporal.
Hemos hecho paseos entre las quebradas, la selva, los esteros, toda una búsqueda de las caídas de agua y de los encuentros de las aguas dulces y las saladas. Pasamos fugazmente por Buenaventura. Hicimos una estación breve por esta ciudad que parece nunca recuperarse de la corrosión, la corrupción, la politiquería y la violencia de la inequidad y la pobreza. 

Embarcamos y pasamos de Juanchaco a la Bahía Málaga y seguimos buscando más adentro las menudas islas del archipiélago.
La comunidad La Plata tiene 200 habitantes y trata de sobrevivir a las embestidas de los diferentes actores en sus intenteos por desterritorializarlos. Su apuesta, volverse un modelo de coturismo comunitario que se replique en todas las 6 comunidades que el archipiélago agrupa. Los personajes, son Santiago, líder del proyecto Ecomanglar. Aterrizado y probando su capacidad de gestión en diferentes escenarios.
Los anónimos, el señor que lentamente avanza en la construcción de una lancha o la canoa. Avanza lentamente porque no tiene afán. O el loco mayor que deambula por el pueblo y es responsabilidad de todos y todas. Vive con su nieto y roba cosas que ve desatendidas.
En la tarde el cielo se carga de racimos de nubes grises que lentamente como el constructor de botes avanzan y llenan de humedad el aire.

En el balance 4 x 4

He estado viajando por 4 países en un lapso de 4 meses dentro de la misma América que considero mi tierra. He registrado impresiones que quizás no tengan significado en sí mismo. He registrado hechos en la medida de lo posible tratando de entender cómo un país define comportamientos en sus ciudadanos y ciudadanas. Los contrastes inevitables surgen como fotos "quemadas" y superpuestas. 
En la mirada que hago queriendo llegar a profundizar y ver más allá de lo aparente, me parece que que logro vislumbrar un último país, Estados Unidos, no tan gigante como se proclama. Vislumbro que los países todos con sus maneras de construir identidad, están de de alguna manera en una encrucijada (crisis?). Hay tiempo, hay prisa, hay soledad, hay esfuerzo, hay goce, hay entrega, hay sacrificio... En todos hay de todo.
Si se tratara de calificar cada país por algún mérito, diría que me quedo con el que menos conocí porque fue el único que en menos de una hora, me llevó de la capital a la playa. Es decir, con El Salvador. Si los mido por el amor y afecto que se siente entre su gente, no dudaría en decidirme por Nicaragua y El Salvador. Estados Unidos, sería mi última elección porque no concibo la vida metida en un automovil, totalmente cuadriculada y sin buena comunicación espontánea. Sin embargo, en este último país es donde está la familia y son los lazos de sangre, los que ganarían.
Como no se trata de una competencia sino de un sencillo ejercicio de observar y compartir lo observado, quiero finalizar este trayecto existencial comentando algo que me pasó en estos viajes. Cuando compartía con las personas ocasionalmente que quería una vida de vacaciones permanentes, viajera, o que no sabía muy bien qué iba a suceder conmigo en este resto o próximo año a nivel laboral, siempre encontré reacciones que se manifestaron preguntándome: " Y sus raíces?", " Y su familia?". Lo viví en Nueva York en dos diferentes escenarios. El primero en el bus rumbo a esta ciudad procedente de Newark, Delaware, cuando improvisé una conversación con un joven que estaba en viaje de descanso antes de entrar a elaborar su tesis de grado. Seguna situación, en conversación con un taxista de Bangladesh, contador de historias que hablaba con propiedad de su país y de los premios nobel de literatura, especialmente de Gabriel García Marquez.
Siempre surgía el asunto de dónde están sus raíces y su historia.
Las raíces si se entienden como la manifestación de lo que nos da sentido de pertenencia no han sido muy contundentes en mi vida. Me siento medianamente aterrizada en donde nací, en Colombia, con pies y alas que quieren llevarme cada vez más a encontrar un lugar dónde estar y sentir como si allí hubiera magia.
Lo de mi desarraigo, me intriga. Es la paradoja en la que gravito. Siento que he querido estar siempre en una geografía distinta a la que me corresponde por derecho de nacimiento. Y por eso, soy todavía una"buscadora de otras latitudes y horizontes". Cualquier podría decir y cuestionar: " Y qué estará buscando?" No me importa. Igual el camino no tiene por qué ser explicado. Sencillamente es el camino que se va inventando con cada paso o cada vuelo.































jueves, 10 de septiembre de 2015

La cultura en la que no nacimos...( Parte 3)


Qué es lo que caracteriza a la cultura norteamericana? 
De acuerdo a conversaciones sostenidas con amigo que lleva años viviendo en los Estados Unidos y con el que me comunico aprovechando mi breve paso por este país, son dos y solo dos cosas: Una creencia internalizada en toda su población que les dice "el tiempo es oro", y, el individualismo.
En el "tiempo es oro" hay un arcoiris de actividades que terminan creando una tiranía del tiempo absoluta y a la vez una cruda realidad. Todo el mundo se mantiene programado. Cada día de cada mes de todo el año, hay que tener un horario rígido que hace la vida bastante mecánica. Todo hay que planearlo con debida anticipación y como todo requiere desplazamientos pues hay siempre una logística asociada con cualquier pequeña actividad que se realiza.
Si el "tiempo es oro", pues no hay tiempo para perder porque es como botar el oro al sanitario No hay minuto que se pueda malgastar o segundo que sobre. Las consecuencias de este hecho en la vida cotidiana son muchas. Las actividades como socializar/establecer vínculos de amistad como no representan un bien concreto entonces no tienen mucha prioridad. Por ejemplo, la mayoría de gente no decide el mismo día salir a tomar un café con alguien que quiera saludar o cosa por el estilo. Hay que tener una agenda y un acuerdo previo para los encuentros y se respeta. 
El tema del individualismo se refleja en la tendencia natural del norteamericano típico de no involucrarse si la situación no tiene que ver con él o con ella. Esto sumado a las nuevas tecnologías de comunicación que lleva a que practicamente las personas se mantengan conectadas a un aparato electrónico todo el tiempo, agudiza la situación y crea lo que considero un nuevo fenómeno en esta cultura: el autismo generalizado. Siento que aquí las personas no saben comunicarse ni relacionarse directamente sino a través de un aparato. Los aparatos crean un escenario falso de pertenencia que no es reforzado por el compartir real. Estas impresiones me quedan de mi breve paso por el gigante del norte. Son brochazos de realidad que registro con el ánimo de entender un país en el que casi todo colombiano o colombiana, tenemos a un pariente intentando adaptarse al "sueño americano".

domingo, 16 de agosto de 2015

En tiempo de familia y claro...de algo más (Parte 2)

El plan en Estados Unidos es simple: conectarme con los ritmos y rutinas de la familia. Si hay un tiempo para esto, todo lo demás vendrá por añadidura. Y bueno, a los pocos días de estar, siento que disfrutar el encuentro es también, hacer parte de los pequeños rituales familiares como ir a la heladería del barrio, a la clase de natación/volleyball, a la caminata en el parque o participar de los programas que se arman cuando llega más de una visita a casa. 



Igualmente implica pasar horas y horas en lo que es parte fundamental del American Way: el automóvil. Las pequeñas ciudades en este país del norte sufren de la falta de transporte público. Considero que hay mejor sistema de transporte en cualquier ciudad pequeña o intermedia de Latino o Centroamérica que en una de los Estados Unidos. Una sociedad carro-dependiente constituye a sus ciudadanos y ciudadanas en gasolino-adictos con todo el impacto ambiental que esto suele acarrear. Pero digamos que en este hecho no hay nada novedoso. Lo que me resultó totalmente revelador, fue comprender lo que esta necesidad/adicción al carro puede generar en el estado de ánimo de la gente. Mantenerse en movimiento o aprender el arte del "commuting" (traslados para ir/llegar al trabajo, la casa,etc.) pasa cuenta de cobro en el diario vivir de las personas. Y las personas optan por acostumbrarse. 
Entre reconocer estas señales de lo que implica vivir en el país más poderoso del mundo y los deseos de tomar nuevos rumbos, aparece entonces el plan de armar una pequeña maleta e ir a pasar un tiempo en la ciudad que nunca duerme: New York, New York. Las redes sociales me sirvieron para contactar a una amiga de viejos tiempos quien tuvo una rápida y fantástica respuesta a mi intención manifiesta en un correo, de pasar unos días con ella y su familia. Mi boleto de Megabus con regreso tres días después, me puso en pleno Manhattan, en el lugar de encuentro más maravilloso que pudo haber escogido mi amiga: la calle 23 con 5a avenida. Justo donde se encuentra el emblemático Edificio Flatiron. Desde donde me senté a esperar, pude ver a mi derecha la imponente fachada del Edificio Empire State.Caminé entre los bloques alrededor y desde diferentes ángulos tuve la fortuna de ver la caída del sol sobre estos dos monstruos, colosos, gigantes de la arquitectura neoyorquina. Me emocionó la visión y quise tener una cámara. Luego recordé que lo importante es lo que se retiene en la memoria. 
Nueva York es una ciudad de pequeñas y grandes emociones que invita a redescubrirla cada que una pueda. 


En mi paso por ella, además de ver a mi amiga, conversar y disfrutar las ocasiones que compartimos, visité el Museo de Arte Moderno (mi ritual de siempre) e hice un cititour en bicicleta.  La visita al MOMA coincidió estratégicamente con el día que tiene entrada gratis y bueno, la sensación no fue muy grata porque la multitud estaba enardecida con la manía de tomarse "selfies" con cuanta obra de arte le gustaba. 


















En cuanto al bici-cititour fue toda una gran aventura en "la gran manzana". En un momento del recorrido entre Queens y el Parque Central, entré en pánico por estar manejando en zonas de la calle que no estaban delimitadas o que no aparecían demarcadas como corredores para ciclistas. Una vez pasado el susto, me sentí haciendo algo nuevo, único, muy recomendable. Me quedaron muchas cosas por hacer como pasear por el High Line, ir a un par de museos más (The Cloisters, por ejemplo) y quizás aprovechar un poco el mundo de los eventos Off- Broadway. Sin embargo, no me lamento porque habrán nuevos viajes a Nueva York, la ciudad que no solo nunca duerme sino que siempre te invita a volver ( eso sí con muy buen dinero en el bolsillo). 







Estamos unidos? Estados Unidos perdón...la llegada ( Parte 1)


De mayo 22 a junio 20, mi viaje me llevó por tierras del norte a una visita familiar a mi hermana y su tribu. El vuelo a la reunión con ella, me dio tiempo para pensar y sentir que lo vivido en núcleos familiares de personas que son amigas y amigos hasta entonces me había hecho mucho bien y me había dejado grandes recuerdos. Sin embargo,  este momento se perfilaba como el de ir a vivir "the real thing" por aquello de estar realmente entre sangre de mi sangre. 

Llegar a Nueva York, al John F Kennedy en plena madrugada, deja una sensación de temor quizás por tantas malas películas vistas sobre las calles oscuras de la gran ciudad donde suceden toda suerte de crímenes y atropellos. En fin, cuando salgo de aduanas, decido tomar un taxi _ ahora sé que existe Super Shuttle, servicio por el cual por no más de $30 dólares una minivan te lleva a la puerta de tu apartamento o casa_ el cual conduce un personaje de un color indefinido entre cera y papel pergamino. Su larga y descuidada barba me toma por sorpresa y aunque pretendo sonar familiar y experta, me siento intranquila todo el trayecto. El hombre de origen ruso, intuyó mi desazón y se dedicó a poner música clásica que en determinados pasajes sonaban al preludio perfecto para cualquier fechoría ( Mucho CSI New York?). Por eso llegar a la morada temporal que un alma caritativa puso a mi disposición por esa noche/amanecer, me devolvió toda la respiración y las energías. 

Después del descanso vino el tren y con el sencillo hecho de tomarlo en plena Penn Station, definitivamente me doy cuenta que estoy haciendo el tránsito entre el país de la "Pura vida" al de la "Pura adrenalina". Bulliciosa, perniciosa, deliciosa adrenalina. El tren tocó puerto en la estación que me correspondía descender en Delaware, dentro de los horarios previstos. Primera señal que estás en Estados Unidos. Todo en este lugar, está circunscrito dentro de un horario preciso, en un día concreto y por tanto, cumple una agenda. No se puede vivir sin agendar, sin tener un plan establecido con la suficiente anticipación. Es como si el engranaje aceitado y perfecto de un gran reloj pesara sobre los plácidos días agobiando con su peso la existencia. Apenas siento su tic tac, mi plan de no tener mucho plan se resquebraja y empiezo entonces a sintonizarme en modo "organiza tu vida de un verano en el gigante del norte".  

lunes, 3 de agosto de 2015

El Salvador, una estación inesperada

En un arrebato después de una mezcla de emociones producto de un correo que me dejó impactada y también por la reciente pérdida, decidí la compra impulsiva de un tiquete a El Salvador para visitar a una gran amiga de la época de la universad en Estados Unidos. Tan pronto bajé del avión, sentí el calor húmedo de lugares que en principio parecen infernales pero terminan en pocos segundos cautivándote. Clotilde Soledad Quintero Rodriguez me esperaba con esa sonrisa de siempre y su actitud jovial, fresca.

Santa Tecla, ciudad donde ella y su familia vive, me parece interesante porque está construida al pie del imponente volcán El Boquerón (no hay ningún temor en esto de dormir practicamente bajo el volcán) y desde la montaña, ofrece un mirador 360 grados a una llanura que se extiende hasta San Salvador, la capital del país. 

En el paso por calles y avenidas, identifico centros comerciales con una arquitectura imponente al mejor estilo de los de los Estados Unidos. Se siente uno en otro El Salvador. No el de los conflictos con las maras. Hay una distancia, una burbuja protectora que hace que las noticias sobre cómo en los barrios, las pandillas mantienen a las mujeres acorraladas porque son los jefes de estas organizaciones quienes definen cómo deben vestirse y si pueden o no usar maquillaje, parezcan irreales.
Estos relatos noticiosos me remiten de inmediato a mi país donde en ciertas partes del territorio nacional los actores armados, los guerreros, son los que dictaminan los horarios, costumbres, estilos de vida de la población, especialmente, el de las mujeres. Somos países marcados por la violencia y por ello, aunque quisieramos olvidar por un fin de semana a qué mundo pertenecemos, debemos cada día levantarnos y reconocernos como pueblos construyendo caminos hacia la paz.






Mi tiempo en El Salvador se acabó demasiado pronto. Sin embargo, lo recordaré como el país que me ofreció la experiencia maravillosa de llegar en 20 minutos al mar a disfrutar de un fabuloso paisaje y donde cada paseo fue una ocasión para sentirme parte de un núcleo familiar amoroso departiendo y compartiendo una buena conversación y comida. 

Viaje interruptus

El 9 de Abril decidí interrumpir el viaje que con tanto brío inicié para venir a despedir al padre. Ver el hilo de la vida de quien te dio la vida, cortarse, es una sensación extraña. El desenlace ocurrió el 9 de Mayo a un mes exacto. Mi padre, Jesús Emilio Gómez Saldarriaga, un hombre de origen campesino que se apasionó por la educación y no paró hasta lograr su título de médico cirujano, partió a su reunión con el origen. Se fue extenuado en su cuerpo físico dejándonos su legado de integridad, disciplina, inteligencia, buen humor y persistencia. 
En una actividad de cierre de un taller de biocreación con el arquitecto facilitador Ronald Esquivel, caminé por un laberinto. En mi recorrido por él, me conecté con la energía de mi padre y lo pude ver convirtiéndose en una semilla perfecta dentro de una gran espiral amorosa que me acompañará siempre. Buen viaje padre!