miércoles, 1 de mayo de 2019

La medicina de la montaña


“Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”; “La fe mueve montañas”. Son muchos los dichos populares o las frases, algunas de contenido bíblico, que hablan de ella. La montaña, como protagonista, la podemos encontrar también, como parte de grupos de signos y símbolos en oráculos. Tal es el caso del famoso I Ching o el "libro de las mutaciones", donde uno de sus hexagramas, el 52, nos la revela invitando al aquietamiento y a la calma.

Foto: SandraE of course!
En otro tipo de tradiciones, como la nativa indígena americana, hacer una búsqueda de visión, requiere como requisito sine qua non, ir a la montaña. La exploración del ser a través de una búsqueda de visión, implica el viaje a la montaña, como realidad y como metáfora del recogimiento necesario para que en medio de los elementos, el silencio, la soledad y el ayuno por cuatro días con sus noches, nos proporcione un nuevo sentido del sí mismo, en contacto con la naturaleza.

Sin duda, la montaña está, ha estado y estará.

Algunas personas, imbuidas por una fuerza devocional, se dedican a escalarlas como sinónimo de conquistarlas. El mundo gana adeptos y adeptas al día, quienes parten en aventuras no exentas de riesgo, para llegar a la cima de montes como el Everest, el Fitz Roy o la montaña Aconcagua. Son un símbolo de esfuerzo, superación, logro supremo y victoria. Y bajan de allí y la montaña se queda.

La montaña que nos vigila, nos acoge, nos protege…nos interroga.  ¿Qué sucede si le colocamos enfrente la palabra ciudad? Se configura una polaridad: quietud-movimiento, naturaleza-contaminación, relajación-contracción, tranquilidad-vértigo, silencio-ruido, etcétera.

Desde hace días vengo, por circunstancias únicas de la vida que me toca vivir ahora, caminando mucho de la montaña a la ciudad y viceversa, para encontrar que esta polaridad es real, es física; y en ocasiones, te coloca en un lugar de imaginar que, como toda polaridad, va a terminar en un conflicto que precisa ser resuelto.

Foto: SandraE of course!
No siendo ya muy proclive a ver el mundo desde esta lente de blancos y negros sino a querer profundizar en los claroscuros recurrentes, he logrado encontrar y descifrar la medicina de la montaña en su interconexión y dependencia con la ciudad. El desafío es vivir la una y la otra, sabiendo que ambas existen; y, en un momento propicio, poder disfrutar las bondades que cada una de ellas nos ofrece.


Por eso, cuando sientas que lentamente las circunstancias del continuum agitado que implica vivir, respirar, existir para la ciudad, van empezando a tornarse en blindajes sólidos como los del traje de iron man o iron woman sobre la piel, la mejor terapia es encontrar una montaña que te adopte. Cuando veas que te doblas y quizás te quiebras, es hora de ir a buscar a tu montaña. Refugiarte un tanto en ella, para que haga lo que sabe hacer tan bien. Soportarte. 

La medicina de la montaña es esto: una montaña, tus pies y estar dispuesto o dispuesta a sentir cómo te desnuda. Solo eso.


lunes, 1 de abril de 2019

Notas sueltas post-8M: el futuro que no somos

Se acaba Marzo, mes en el que se conmemora, el 8, una fecha muy significativa: el Día Internacional de la Mujer. Conmemorar el 8M es algo que muchas hacemos para solemnemente traer a la memoria a todas aquellas mujeres que nos antecedieron en la lucha y la resistencia por obtener una vida plena de derechos y libre de violencias. 

Hacer memoria es un ejercicio que a veces duele; sin embargo, es necesario, porque nos obliga a mirar hacia atrás con la intención de realizar un balance. ¿Hemos avanzado las mujeres? ¿Qué hemos conquistado hasta ahora? Sin duda, mucho. A partir de la visión inspiradora y la búsqueda de justicia de parte de mujeres valientes, hemos conquistado un lugar mejor en la sociedad. Muchas nos podemos educar, trabajar, votar, ser elegidas para cargos dentro de la política, disponer de métodos de anticoncepción, tomar decisiones sobre lo que queremos en la vida, viajar solas, etc. Sin embargo, no en todas las sociedades se han alcanzado estos avances; y lamentable,  decirlo, 
pero hay países en los que ser mujer es lo peor que puede sucederte.

En mis pequeñas rutinas de la memoria, recuerdo a una compañera de habitación de hotel en un evento internacional al que fui invitada en Uganda. Estábamos en Kampala y mi compañera procedente de Sudán, me comentó en esas charlas que tienes antes de que el mundo y el día se esfume, que ella para estar allí, había tenido que llevar un acudiente varon de su familia al trámite de la visa. Un varón de la familia, le había permitido estar en un evento fuera de su país y ella, quien era una mujer de la academia, profesora universitaria en la capital, lo decía con entereza. En Túnez las mujeres heredan; sus padres les dejan tierra y sus hermanos hombres, se la quitan con el argumento, "tu marido te va a dejar tierra"; en Francia, apenas se empieza a considerar la presentación abierta de las "brechas salariales" en las compañías. Aquí en Colombia, más y más violencia contra las mujeres y realidades más parecidas al estilo Túnez, y poco de las que hay en Francia. En Rusia, hay 456 ocupaciones prohibidas a las mujeres siendo la mayoría de ellas en sectores de la economía donde se pagan los mejores salarios. 

No quiero tratar aquí de armar patíbulos para colgar a unos y absolver a otros países. Para esto dejo a expertos que hacen los informes sesudos y recapitulan juiciosos todas las tribulaciones, en la forma de prohibiciones, discriminaciones y restricciones, que se asocian al hecho de nacer mujer en el mundo ( Ver https://www.globalcitizen.org/es/content/best-worst-countries-for-women-2018-list-ranking/). 

Quiero mejor traer como ecos post-8M que en algunas de las noticias en redes y otros medios salta a la vista la disparidad de género en sus múltiples formas. A veces me cuesta entender esta pervivencia de tantas desigualdades para las mujeres. A veces me produce "ira ética" pensar que han pasado siglos desde las primeras mujeres con conciencia de cambio que demandaron un futuro mejor y ver el ritmo tan lento y tan distinto, en el que las realidades de la igualdad van evolucionando para todas.  Se suponía que futuro eramos. O ¿no?

¿Cuántos años más se necesitan para que heridas en la piel de la raza humana como estas brechas de género se cierren? De acuerdo al Foro Económico Mundial, "llevará 108 años cerrar la brecha de género en la política, el trabajo, la salud y la educación, y 202 años para cerrar la brecha de género en el lugar de trabajo" . ONU mujeres coincide que tomaría más de 200 años cerrar las brechas de género también. [i]
Sin embargo,  no todo está en la línea del abismo y el desespero. En conversaciones de esas que suelo sostener en cualquier calle, transporte colectivo, o salas de espera, encontré que ha llegado a la mente de mujeres diversas una claridad fundamental: la clave para el cambio de niñas y mujeres, es la educación.  Y días después celebro que esta sabiduría de las mujeres en la calle está alineada con algunas de las tesis del libro recientemente publicado por Augusto Peréz-Claros en el que llega a proponer como una estrategia clave para cerrar la brecha de género, el punto de invertir en la educación de las niñas. ( En el libro "La crisis global de la desigualdad de género. Igualdad para las mujeres = Prosperidad para todos", se afirma que el 90% de los países del mundo discrimina de alguna manera a las mujeres). 



Fotos SandraE Of course! tomada en El Progreso, con grupo de jóvenes Las Panchas, 2008.
Qué bueno sería que todas las mujeres, feministas o no del mundo, en este momento, desde donde quiera que se encuentren, estén dedicando parte de su tiempo a un proyecto que aporte a la educación de las niñas, de las mujeres jóvenes; algo así como estar pasando la antorcha de la claridad a otras. Y no con un curriculum cualquiera. La rEvolución dice por allí, será feminista, o no será. Yo ampliaría: La rEvolución será educativa y con un curriculum feminista o el ritmo de la evolución, seguirá dejando esta sensación que el futuro no llega.




[i] De acuerdo al The Global Gender Gap Report 2018 , del Foro Económico Mundial. ONU mujeres en https://news.un.org/es/story/2019/03/1452371

viernes, 1 de marzo de 2019

Un tiempo en verde

Foto: SandraE of course, tomada en Baden-Baden
Tiempo extraño. No hablo de un mundo extraño como el título de una canción. No. Hablo de un tiempo extraño. Y como el tiempo es un concepto que se construye de una manera tan personal, tan propia, tan única, últimamente siento que al retomar mis rutinas de vida, esas de un café antes del almuerzo, una cerveza a media tarde o en horas de la noche, o las de encontrar a algún amigo para un almuerzo, me he dado cuenta que estoy viviendo extrañando alguna parte de mí que me hace falta. 
Me pregunto ¿qué parte será? ¿La parte que sueña, la  que imagina, o la que se eleva sobre las circunstancias y construye mundos inventados dentro de la, a veces, monótona estética de la cotidianidad? Estoy atrapada en una ausencia que no se deja nombrar. 

La mejor terapia: escribir. La única opción: intentar atrapar en palabras y códigos lo inexplicable, para romper su aura de misterio. En el libro que consulto como quien quiere descifrar la profundidad de las eternidades, El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, encontré una buena mirada: 
"Todos los días suceden en el mundo cosas que no son explicables por las leyes que conocemos de las cosas. Todos los días, hablando de ellas, en los distintos momentos, se olvidan, y el mismo misterio que las trae se las lleva, convirtiéndose el secreto en un olvido. Tal es la ley de lo que tiene que ser olvidado porque no puede explicarse... " (traducción libre). 
Lo inexplicable como olvido, sencillo. 

Me olvido entonces de la parte, "persona", o "subpersonalidad" que no se deja nombrar y en pos de algo más concreto para explicar este estado extraño, me conecto con Green book, película que ganó el premio Oscar a la mejor cinta. Se ubica en los años 60 y tiene el empaque de" película de carretera". Este género conocido como road movie, tiene como principal característica, que los personajes, la trama, el nudo o conflicto, se desenvuelve mientras hay un viaje. El corazón de la historia que narra la película, y que, a propósito está basada en la vida real, es el tejido de una amistad insólita entre un hombre negro de origen jamaiquino con un talento excepcional para la música y un norteaméricano blanco de origen italiano. En el trasfondo de este relato que va desenvolviéndose mientras los viajeros paran para la realización de conciertos, se sugieren temas explosivos, como la situación de discriminación y afectación de derechos humanos que el hombre negro enfrenta realizando su gira musical por un sur envuelto en un ambiente de racismo extremo en el país del norte; el otro tema singular, sin embargo, es el de la identidad y los conflictos que de manera interna libran los personajes por no estar totalmente "ubicados" en lo que las fronteras (casillas) de su raza, clase, preferencia sexual y en lo que éstas determinan como comportamiento razonable. Un hombre negro, culto, bien hablado, virtuoso del piano, empleando a un hombre blanco, sin mayor educación, mal hablado y cuyo talento esencial, es solucionar la vida, así sea a golpes.

Gran tema para estos tiempos en el que no sabemos realmente qué parte nos hace falta, o en qué mundo estamos viviendo, o si, aquello que nos identifica está hecho de concreto del tamaño de un muro, o de otra sustancia porosa que pueda fácilmente deshacerse. Entre las inquietudes están todas las otras preguntas sobre si esa identidad que con disciplina férrea construimos,  a través de las experiencias de la vida o de los legados familiares, luego, la convertimos en identidad institucional por afiliación de partido, causa, religión o cultura, y si los partidos, las religiones, las causas nobles, las culturas están en decadencia, no estamos enfrentando ¿una dupla de inseguridad? 

Parece ser que deambulamos por un mundo (aldea global de acuerdo a McLuham) caminando las duplas, los bordes, los precipicios exponiéndonos con cada paso a colocar un pie en un lugar que tiembla mientras el otro pie sencillamente sufre un calambre o da vueltas... No sé si esto explique algo de lo que hace que mi otra parte no quiera revelarse o dejarse nombrar. Nada más expreso que escribir alivia lo inexplicable. Lo desbloquea. Hace que de pronto al voltear a mirar mi ventana cubierta por una sencilla cortina color tarde vea una playa, un oasis donde escampar para sentir de nuevo a la ausente. La que olvida.

sábado, 9 de febrero de 2019

Del tamaño de la Greta

"Los adultos se la pasan diciendo se lo debemos a los jóvenes...debemos darles esperanza. Pero yo no quiero su esperanza. Quiero que actúen como si la casa estuviera en llamas. Porque está" .Greta Thunberg.

Inicia Febrero, un mes que significa amor por las celebraciones de San Valentín que se han venido extendiendo desde el país del norte a otros países del mundo. Creo que, por esto, es el mes de las rosas rojas, los chocolates pralines belgas y muchas invitaciones a restaurantes y lugares para sellar lo que cupido ha unido con su flecha.  Cuánta imaginería construída en torno a un músculo que cuando decide parar, nos deja sin pulso y sin días para contar.

Tomada por SandraE of course, en el taller de arte del colegio Montessori en Willington, DE
Corren tiempos de oír noticias calamitosas y de ver situaciones color infamia. El desaliento, la depresión, la incredulidad se exacerban. En ese pequeño nuevo mundo perverso de las redes circulan toneladas de relatos que parecen salidos del boletín de un manicomio. Cuando en dos puntos de la geografía, dos personas totalmente desconocidas, se acercan a mi a través de las redes y me dicen: "No hay noticia buena", concluyo que estamos viviendo una suerte de locura epidémica masiva. A punto de ser pandemia. 

Las señales están en el aire. Son ya tan palpables que hay una tarea urgente e inaplazable: crear una celebración que junte el día de San Lázaro y el de San Valentín. Sin ser creyente ni devota, pero ubicada por los azares en esta geografía Surcreyente, me decido a postular  entonces, el día de Santa Lazentín, la patrona de todas las personas que requieren revivir de inmediato su corazón. 

Se imprimirán millares de estampas para repartir en primer lugar, a aquellos que matan el liderazgo social pacífico en países como el mío que está intentando cerrar las heridas dejadas por la guerra; en segundo lugar, a quienes enjaulan a la niñez y juventud y los separan de sus progenitores;  en tercer lugar, a la mujer que esta semana saliendo de un parqueadero en el tradicional barrio San Fernando de la ciudad de Cali, muerta de la risa, me tiró el carro y casi me atropella, ante mi asombro y el de los peatones que por allí pasaban; en cuarto lugar, y no por eso, menos importante, a todos los líderes que traicionan los ideales y sueños del pueblo que los ha elegido con el corazón.

El mundo y sus habitantes, nos hemos venido quedando sin espacio para reconocer que necesitamos revigorizar el latido, reverdecer la llanura de este lugar que describimos como el centro del cuerpo porque conecta la razón con la emoción. Este ritmo del corazón que debería ser expansivo, se está achicando; nuestro ecuador interno, se asemeja cada vez más al filo de una navaja que cae implacable sobre el otro o la otra, desconociendo que somos a nosotros mismas a las que rebanamos.

Foto tomada de Facebook

Se escuchan voces y mensajes concretos de personas que creyeron desde tiempo atrás en Santa Lazentín; sin embargo, en mi criterio, no son suficientes. El coro que le apueste a seguir engrandeciendo el ritmo de este latido y a ver florecer la llanura, necesita ser más grande, más nutrido, más del tamaño de la Greta Thunberg!

miércoles, 30 de enero de 2019

¡Vaya vuelo! ¡Vaya lección!

“Gracias Dios por darnos otra oportunidad”, fue el grito que lanzó una mujer entre las filas 15 y 20 del avión que aterrizó en el Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón este pasado enero 27 de 2019. El grito resonó desde la punta del avión hasta la parte final de la cabina mientras el capitán del avión, carreteaba la aeronave hasta la puerta de embarque. Minutos antes del grito, él mismo, el capitán, en un inglés atropellado nos informaba que la hora local era las 23:15 del día domingo, después de agradecernos por volar en esa compañía aérea.


Yo de inmediato al escucharlo, me dije: “en esta aerolínea, no quiero volar jamás”.

No me malinterpreten. Quiero seguir volando para llegar a sitios, atravesar geografías, pasar de un huso horario a otro y desafiar la noción que estamos condenados a permanecer y observar todo, desde esta pequeña orilla del mundo en el que nos tocó nacer. Pero NO quiero, repito, NO quiero, NUNCA volver a hacerlo en un vuelo como este del 27 de Enero, a comienzos de un año que promete muchos vuelos más.

Resumen de los hechos: Nuestro avión pocos minutos después de despegar encontró una turbulencia severa a la que el piloto decidió medírsele. Se sintió como estar en el centro de una licuadora desquiciada que nos rebotaba haciendo que subiéramos y bajáramos con intermitentes caídas al vacío que hacía prever el peor de los desenlaces. 

Cuando pude recapitular  la historia, al otro día, después de dormir en tierra firme por más de 8 horas, descubrí algunas imágenes interesantes presentes en mi mente todavía. Todo un repertorio “jugoso” de reacciones de las y los humanos que estuvimos unidos por la vivencia de esta experiencia.

Comenzando por las mías. Lo intenté todo para tratar de calmarme: recitar Ommmmm siete veces, cantar mantras, hacer ejercicios de respiración profunda y confirmo, no hay nada que valga. No sirve para nada la práctica de 5 años de yoga para dominar el estado de físico pánico, el miedo que se apodera de tu cuerpo ante la sensación de pérdida de control sobre todo lo que conoces como tu momento presente. Cuando concluí que nada funcionaba, opté por poner en práctica la anticipación en negativo; es decir, asumí la visualización de un choque inminente y entré a repasar la rutina que durante décadas nos han recitado cuando nos sentamos en el avión, nos amarramos los cinturones y nos piden que pongamos atención a la información sobre qué hacer en caso de emergencia.
Como una desaforada empecé a ubicar el lugar debajo de la silla donde se supone que están los chalecos salvavidas y nada; lo único que alcanzaba a tantear era una superficie dura que no contenía ninguna bolsa o lugar de donde extraerlo. No pude encontrarlo. Quizás mi silla no tenía, porque “claro en clase económica de una aerolínea de bajo presupuesto, como en el Titanic, no hay chalecos salvavidas para todas las personas”, me dije. Patética.  “¿Será demasiado tarde para revisar la famosa cartilla?”.  Pucha! La tomé entre mis manos temblorosas y no vi nada que pudiera quitarme la certeza feroz que se me había clavado como la mordida de un caballo en la mandíbula, que ese vuelo no iba nada bien. A pesar de la voz del piloto diciendo que nos tranquilizáramos que íbamos a salir de la turbulencia, esos, no sé si diez o quince minutos, se sintieron una eternidad. Una salvaje y desolada eternidad en la que no se sabía si íbamos a poder seguir conjugando el verbo vivir en un futuro perfecto, pluscuamperfecto, o en uno imperfecto.

Las reacciones de mis vecinos: uno dormitaba como si estuviera bajo la ducha de agua caliente y el del lado de la ventanilla, miraba desprevenidamente de un lado a otro. En los asientos de atrás, un padre y su hijo de cortos ocho años de edad, no se sentían. No musitaron palabra hasta que el niño dijo: “Papá, no pasa nada”.


Mis conclusiones:
  • En este vuelo no había pasajero o pasajera con alguna condición cardíaca. De lo contrario, hubiera sufrido, sin duda, una crisis aguda.
  • Algunas personas se vomitaron y otras, corrieron a la parte de atrás del avión, en medio del desespero, por aquel mito que dice que si hay un accidente, las personas viajando en las últimas filas, son las que se salvan. Nota: no hubo accidente, ergo no se comprobó si esto de la ubicación en el avión, aplica o no. Sin embargo, a estas personas después les ofrecieron toda suerte de bebidas alcohólicas. Hay que correr a las sillas de las filas en la parte trasera del avión, si algo así, vuelve a pasar. Bromeo. Mejor que nunca pase por esto de nuevo.
  • No hay Ommmm, mantra o ejercicio de respiración que valga cuando se enfrenta un susto de esta magnitud. No sirven 5 años de yoga, mientras no enfrentemos la posibilidad de la muerte cada día y creamos con sinceridad en lo que mi vecino de asiento dijo al final del episodio: "Señora, lo que ha de suceder, sucede".
 ¡Vaya vuelo! ¡Vaya lección!

domingo, 30 de diciembre de 2018

Spirit Airlines o la "bare fare"

Vuelo 594, Spirit Airlines. Hora de salida de Cali, Colombia prevista, 7:00 a.m. de un sábado, Diciembre 29 de 2018.  Hora prevista de llegada a Fort Laudardale, Florida, 10:56 a.m. Hora real de salida: 7:04 a.m. Hurrah!
Reporte de viaje identifica unas pocas turbulencias en el vuelo. El avión está nuevo, sin sillas que se reclinen, sin pantallas, sin ningún tipo de aditamento adicional. Te ofrece lo básico. La tarifa, la más económica. Por eso la llaman la "bare fare" o la tarifa desnuda. Si va adecuándola a su preferencia, la va vistiendo, y eso, cuesta. Si escoge el asiento, paga. Si lleva equipaje adicional a una pieza de mano, paga. Si quiere alimentos y bebidas, paga. 
En vuelo a las 9:46 a.m. registro y pienso mientras veo las nubes por la ventanilla, que esto de las aerolíneas de bajo presupuesto tiene sus ventajas. Primero, te sacan de tu zona de confort, nunca viajo en ventanilla, me gustan los asientos de corredor y me asignaron ventanilla; te vuelven personas esencialistas, tienes que reducir tu equipaje a lo esencial, y hasta te ponen a fluir en modo juguetón, pues, al no tener información de vuelo en pantalla, cada que miras por la ventana, al ver alguna parte de la geografía, juegas a las adivinanzas para intentar saber dónde va el avión. 
Tocamos piso de pista del aeropuerto de Fort Laudardale a las 10:36 a.m.. Eso significa que  llegamos con 20 minutos de adelanto? Sí y no puesto que no tenemos "gate" o puerta de desembarque asignada. Hora de salida del avión, a las 11:15 a.m. 
Aprendo entonces que una es la hora de poner la aeronave en tierra y la otra la de llegada oficial al destino. Llegamos a una parte, cuando caminamos por los corredores del aeropuerto donde desembarcamos. En este caso el Internacional de Fort Laudardale - Hollywood. Llegué y con el nombre de este aeropuerto me siento una estrella.



viernes, 21 de diciembre de 2018

Sin-nexos y Con-nexos



Se acerca una gran fiesta para el mundo. Por lo menos, para el católico, apostólico y romano que es en el que crecí. Una en la que el consumismo se dispara y los locales comerciales hacen las ganancias que no han logrado obtener durante todo un año. Es Navidad y en este mundo católico (y quizás en otros), el amor se demuestra a través de una acción popular por estas fechas: regalar.
Compramos para decir " te amo".
Por eso es usual hacer por esta época, las famosas listas: la de regalos, la de propósitos para el año que llega, etcétera.
Un nombre de un lado de la lista, un regalo, del otro. Con el nombre buscamos lo que le gusta tener o hacer a la persona. Lo que disfruta. Conocerla es saber esto.
Me he puesto a pensar y entre vueltas y revueltas mentales, empecé a escribir un artículo que se centrara en decir, no pienses en lo que hacen o les gusta a las personas; piensa en lo que son, en su esencia. Y hasta llegué a escribir unas 19 líneas que terminaban haciendo una invitación.
Hoy decidí que he hablado mucho y he hecho muchas invitaciones en este blog durante este año. Y por eso, es que hoy desde una página nueva, me lanzo a proponerles un énfasis por esta época centrado en la gratitud de un año que ya ha traído muchos regalos. Secuencias de eventos que han hecho la existencia interesante, dolorosa, alegre, quizás completamente fracturada para algunas personas, sin embargo, existencia.
De allí como de un trampolín me lanzo a proponerles vivir estos días desde un lugar en el que miremos a los otros y a nosotras mismas, desde lo que somos ahora. Después de agradecer, ser, y mirar para adelante, con la tranquila calma de “aquí estoy/ estamos” para seguir abrazando lo que cada día traiga (algo así como un "carpe diem" con ventana al mañana). Una mirada desde un airoso y calmado lugar interior, puede ser más grata que andar recorriendo los corredores de los centros comerciales, arrebatando las mercancías dispuestas para regalar amor con ellas.
Agradecer la presencia propia y de otras personas en nuestro camino. Reconocer con alegría lo que nos agrada de nosotras mismas y quizás, reírnos un poco antes de explorar, cómo vamos a hacer para dejar aquello que no nos gusta, con esa mesura que trae la vida vivida.
Agradezco por lo tanto, todas las calles recorridas en este año en todas esas majestuosas geografías que visité. Agradezco la hospitalidad de cada sitio donde pude pasar unos días, noches, horas, minutos, segundos con tranquilidad. Agradezco el amor y alegría de todas las personas, sin nexos o con nexos, con las que me crucé. El reconocimiento que mis gustos ahora son simples y que las añoranzas aunque muchas, traen colores para pintar los días.
Mirar adelante es otro tema. Por allí, se dice, se lee, se conversa, que no es muy recomendable estar pensando en el futuro dentro de una visión que quiere el hoy, el presente, siempre brillante. Sin embargo, creo que necesitamos como el escritor al contemplar su ordenador o su cuaderno en blanco, saber que todavía quedan páginas para escribir. Es sin duda, la conciencia anticipada del porvenir la que muchas mañanas nos saca como un resorte de la cama. Hagamos que nos pase. De la misma manera que debemos “dejar ir”, “hagamos que nos suceda”, lo bueno, lo que merecemos, lo que anhelamos y lo que no sabemos y necesitamos para darle forma a nuestro ser pleno.
En Ama Yoga, creando Mapa de la Abundancia con la SanghAmayoginis

Hay muchas estrategias para apoyar este ejercicio de lo posible. Una de ellas puede ser construir con la técnica del mapa de la abundancia, de los sueños o de la prosperidad[i], los elementos visuales de ese futuro aún en construcción.
Igual vibrar o armonizarnos con nosotros y nosotras mismas para que el tiempo que viene sea el del merecimiento, podría ser una meta general y así, dejar que lo que está por llegar a nuestra vida, sea preciso, suave y pertinente a nuestros mundos internos y externos. Es una época de grandes oportunidades. Es nuestra oportunidad de regalarnos gratitud y cambio.



[i] Técnica de Programación Neurolingüística que mediante el collage de imágenes, ayuda a visualizar realidades que aún no se concretan.