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domingo, 2 de mayo de 2021

La situación

"Duque el pueblo es tu jefe y ESTÁS DESPEDIDO", pancarta Mayo01/2021

 

Foto: Sandra E. of course! Cali, 2021

En CNN hay un programa que se llama "Situation room". La idea del programa es analizar las situaciones dando una mirada más profunda a los hechos.

En una mirada de mi situación personal, noto desde hace meses, una ausencia de inspiración, de entusiasmo, de estímulo para la escritura. Lo interesante, es que me he dado cuenta que, es la falta de calle, de interactuar en el afuera con otros y otras, lo que ha llevado a esta inanición de palabras. Las historias están esquivas porque estoy conjugando el verbo "Yo me cuido, Yo cuido, Nos cuidamos" y poco salgo de la casa.

La situación del colectivo que llamo país de origen, es decir, la situación de Colombia, en los últimos días, logró lo que parecía imposible. Me ha rescatado de la inanición y me ha servido de alimento para el oficio artesanal de tejer relatos. 

De nuevo, desde el pasado 28 de Abril de 2021, como el 21 de noviembre de 2019, atendiendo al derecho de protesta social consagrado en la constitución colombiana, la ciudadanía se lanzó a las calles para demostrar su inconformidad e indignación por el mal gobierno, del actual mandatario, señor Iván Duque. Este mal gobierno ( no DES-gobierno), se caracteriza por ignorar las necesidades y urgencias de la mayoría de la población mientras realiza alianzas estratégicas, decreta leyes tramperas y monta reformas con nombres llenos de eufemismos para defender los intereses, necesidades y  urgencias de las élites.





Fotos Sandra E. of course!

El señor presidente ( algunos lo llaman sub-presidente)  ha desatendido una y otra vez el clamor de las mayorías. Ha hecho casi nada por esclarecer los asesinatos de líderes sociales y de los ex-combatientes cobijados por el acuerdo de paz, y se ha vuelto sordo, ciego y mudo frente a las recomendaciones de personas expertas, en el manejo de la pandemia. Como estocada final, pretendía imponer una reforma tributaria que de nuevo favorece a las élites.

Foto tomada de Facebook

Si las calles de un país de cerca 50 millones de habitantes se inundan de gente para protestar y resistir ante este gobierno impopular e indolente en pleno tercer pico de una pandemia, es porque a las personas, les parece más peligroso su presidente, que el COVID-19 (prestado de un meme de Facebook). 

Foto: Sandra E of course!

El cansancio, la desesperanza, la desesperación ocasionada por la desigualdad, la impunidad, la pobreza, la no concreción de la paz y la corrupción en Colombia es tan grande, que el razonamiento general de las personas en este momento histórico más o menos reza así: " mejor que el virus nos encuentre movilizadas y protestando en la calle que derribadas y calladas". 


 

Foto: Sandra E of course!

"Nos bañaremos en gaseosa porque el agua está costosa", foto: SandraE of course!


La presencia en las calles de la gente indignada inspira, conmueve y anima a romper este silencio y a cambiar la situación personal y colectiva. Eso sí preferiblemente que no sean "cambios chimbos" ( En colombiano, chimbo significa de mala calidad o que no tiene buen aspecto).



jueves, 14 de enero de 2021

Sin vacuna a la vista

Desde el 25 de Noviembre de 2019, estoy con este escrito inconcluso. Lo pensé como posible tema para hacer una reflexión en torno a una jornada que se celebra a nivel internacional, en este día, el 25, conocida como el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El punto es que he estado bloqueada. La velocidad de los días corriendo hacía un nuevo año, al final no ha servido. Nada realmente ha cambiado. Seguimos en una especie de locura concentrada y colectiva. En los remolinos espesos internos en que te coloca un estado así, echas mano de lo que se conoce en el mundo de la psicología, como tu fuerza interior, para darte cuenta que, salió de vacaciones sin aviso. Intentas entonces hablar con otros y otras. Nadie. Entonces, te decides. Hay que seguir intentando recuperar la voz, la palabra. Es el momento de no tener pendientes.

Escribo siempre sobre escenas que veo al viajar o, ahora, en tiempo de cero movimiento o cruce de fronteras, sobre la cotidianidad. Intentan ser postales de paisajes humanos que encuentro al caminar la vida. Esta postal, la encontré, en un centro médico acompañando a la madre.

Una mujer que está en la misma situación, es decir, acompañando un varón de edad media quién usa muletas, habla por celular. Tienen, el señor de las muletas y ella, una interacción de palabras tensas como los hilos de un instrumento musical afinado a punto de romperse. No alcanzo a escuchar lo que dicen, sin embargo, percibo la tensión. Al salir minutos después a la calle, el hombre, ante el asombro del público general reunido aleatoriamente en la sala de espera, arroja al piso papeles y documentos en un arrebato de furia. Nosotros, su público cautivo, vemos la escena. La mujer que está sentada a mi lado derecho, reacciona; habla alto y dice, a nadie en particular, lo siguiente: " ¿Usted cree esto?  Yo de ella lo dejaría aquí sin ayuda y hasta le pateaba la muleta". Con gesto y voz firme sigue exclamando: " Yo tengo dos hijos varones y a ellos les he enseñado a ser respetuosos con las mujeres". En tono más confidencial me cuenta: “Yo salí muy joven de mi casa y me vine para aquí (se refiere a Cali) para no llevar más los maltratos en mi casa. Y me propuse que a mis hijos varones les iba a inculcar que a las mujeres no se las ofende ni se las toca con el pétalo de una rosa". Le pregunté de donde había migrado. Y me contesta que del departamento del Huila. De allí como un tema murmullo, salgo del centro médico, sentipensando en cómo las mujeres han, en muchas ocasiones, optado por la huida cómo destino para sus vidas. Huir o escapar para no seguir soportando el peso de un golpe, una agresión verbal, sexual, económica o simbólica.

Y de este día a hoy (hace un mes y 20 días), ha cambiado el número de año, sí. La violencia machista, se ha exacerbado, sí. Las mujeres en relaciones violentas, por la cuarentena, no han tenido a dónde huir. Una pandemia como esta, supone consecuencias fatales para las mujeres porque el virus de la violencia machista, sigue perpetuándose con impunidad, sin vacuna a la vista.


miércoles, 23 de septiembre de 2020

Marguerite, Elizabeth y Mark

 "Puede ser - dijo el alquimista-, aunque hay tanto que decir en favor de la noción de inmortalidad como en contra de ella. Lo que primero abandona a los muertos es el movimiento, luego el calor y seguidamente, con más o menos premura, según los agentes a que se vean sometidos, la forma". Marguerite Yourcenar, Opus Nigrum.

El movimiento es vida. Lo sabía yo como deben saberlo tantos y tantas viajeras que van por el mundo buscando experiencias que luego atesoran como parte de su equipaje vital para siempre. Lo saben y lo sabemos los que hemos optado por atesorar esto: experiencias vitales. Experiencias vitales, en vez de bienes materiales, jugosas cuentas bancarias, inmuebles en algún lugar del mundo. Por eso, ahora, comprendo que cuando las personas deciden -y está claro que es su opción -cuando ellas deciden, sentarse en un sofá a ver televisión, empiezan a morir un poco.

Foto: SandraE of course. Tomada en Miami, Florida, USA

En nuestra cultura latina es tan común desear a otras personas, asentarse, queriendo decir que se lancen y empiecen a vivir una vida sedentaria gozando de la comodidad de un hogar, de las cuentas por pagar,  de las vacaciones programadas, como si fuera el tiquete al bienestar soñado, sin saber que, existen otras opciones. Incluso mientras escribo, caigo en cuenta que en portugués, la palabra aposentarse significa jubilación o retiro de la vida laboral.

Elizabeth, una mujer de unos 30 y tantos años, está desde hace un año y medio, rodando en su carro-casa, con su familia, que son su esposo y dos hijos. Ella, a quien encuentro de casualidad (como tantas otras cosas que me pasan) en un parque aledaño al lugar donde vivo en Cali, el Parque del Triángulo en el barrio San Fernando, me comparte que decidió hacer esto porque un buen día, en su país Argentina, pensó en su vida. Un trabajo como profesora que la mantenía ausente de sus hijos, quienes a su vez se mantenían encerrados entre cuatro paredes, y de su compañero, un comerciante. Lo que siguió, una vez tomó la decisión, fue convencer a su esposo y embarcarse. Y aquí están y van, todos probando. Adaptándose a una nueva forma de vivir. 

La encuentro en el parque ofreciendo sus productos, los alfajores artesanales y objetos de artesanía, mientras me comparte que en la pandemia, habían quedado atrapados en una ciudad que está a 180 kms de Cali, llamada Cartago, donde habían recibido la solidaridad desbordante de muchas personas. Regresaron a Cali apenas pudieron y se encuentran preparando su siguiente etapa, que esperan finalice, en México, y si pueden, de allí, saltar a Europa. Aunque tendrían que, en tiempos raros como éstos, tiempos de postpandemia, esperar un poco para saber más de su ruta. Mientras tanto seguirán VIAJANDO CON SIDDHARTA, como le han llamado a su casa ambulante y a la aventura que ésta, les ha permitido realizar hasta el momento.

Elizabeth enseña que hay otra opciones para vivir y educar. Cuando le pregunto precisamente por  esto, la educación de sus hijos, no parece tener apuro en lo que a esto respecta. Ellos siguen vinculados a un programa de estudio por televisión de Argentina, me cuenta. Y claro, entiendo su tranquilidad pues hablamos un poco sobre proporcionarles, la mejor escuela para la vida, que es esta experiencia de rodar, conocer, encontrar personas, lugares e historias en el camino. Una educación alineada con la visión de Mark Twain sobre los viajes, como la mejor herramienta para enseñar la tolerancia, liberarse de prejuicios y estrechez de mente y corazón ( agregaría yo).


Me aparto del carro-casa de la familia de Elizabeth, respetuosa, sin tomar fotos pensando que ellos como familia encarnan la inmortalidad en acción. Vivan los que son movimiento, cambio e impermanencia. Vivan los que arriesgan y sueñan otras formas de vida posible.


jueves, 13 de agosto de 2020

De la desobediencia al miedo

En desobediencia. Decidí esta semana que terminó, la primera de agosto, declararme en estado de desobediencia civil. Entiéndase por esto, hacer pequeños gestos de rebelión ante las insistentes y prolongadas medidas del gobierno local, de continuar con una estrategia de prevención para evitar los contagios por el innombrable virus, que incluye, uso de tapabocas obligatorio en todo sitio público, distanciamiento social y constante lavado e higiene de manos. Salí desobediente con el tapabocas colgando en el brazo derecho y caminé así por unas cuantas cuadras o bloques. La sensación de estar respirando sin filtro fue increíble. Estaba entregada al goce de este buenaire, cuando una agorera en sombrero de ala ancha, cruzó mi camino sobre un puente peatonal y me dijo: " Siga así y verá cómo la linchan". 

Ooops principio de realidad, llamado al orden. El brazo derecho descolgó el tapabocas y mi mano, lo colocó sobre el rostro, nariz y boca, en automático. Mi cabeza mientras mi brazo y mano actuaban, pensaba en la odiosa palabra "linchamiento" *. La emoción que recorrió mi cuerpo fue el miedo. Obediencia a la norma, miedo bajo control. Esto apesta. Las dos opciones que nos ha dejado el estado raro de las cosas en la que nos hemos sumido, es, obediencia o miedo. 

Continúo caminando y vienen a mi, las imágenes de las marchas en Alemania contra el régimen de control que se ha instalado en la vida cotidiana y que restringe libertades como la de movimiento, la de reunión o asamblea, entre otras (https://www.dw.com/es/protestas-en-berl%C3%ADn-libertad-de-reuni%C3%B3n-vs-salud-p%C3%BAblica/a-54421903). Entiendo mejor ante mi experimento de agosto, ante mi pequeño gesto libertario de unos cuantos bloques, de qué se trató este acto de protesta en el cual la ciudadanía alemana en rebeldía concertada, se arriesga a hacer movilización política sin temor al contagio o al castigo. Política sin tapabocas o mascarillas. 

Como he expresado ya en otros artículos no creo en teorías de conspiración con respecto a lo que estamos viviendo. Sin embargo, sí me sorprendo algunas veces pensando en todo el ritmo que hemos perdido como ciudadanía participante, al estar esperando que la famosa curva epidémica se aplane. 

Foto: SandraE of course! Marcha 21 de noviembre, 2019, calle 5a de Cali

Había un tiempo anterior al 24 de marzo 2020 en Colombia, cuando empezó el período de cuarentena, donde las calles eran el lugar del encuentro, la palabra, la protesta, la marcha, el plantón y la celebración. No el lugar del miedo, la obediencia, la desconfianza en el otro u otra, o en el que recibes la señal de alarma que las agoreras instigan cuando te ven feliz disfrutando de los buenosaires.

Hubo también un tiempo, hace un año, que en Hong Kong las protestas de la población alcanzaban a estar a la orden del día mientras se tomaban de manera pacífica calles y edificios como el aeropuerto; y en París, las marchas de los chalecos amarillos tenían en vilo la normalidad de la ciudad luz. 

Foto recuperada en https://www.elpais.cr/2019/08/03/


En todas las latitudes se ha perdido momentum. Los tapabocas y las batas médicas parece ser que se han impuesto sobre los chalecos para acallar los rumores de una insatisfacción planetaria creciente que se propagó exponencialmente, casi a la velocidad de un virus altamente contagioso. 
¿Paradoja social que un año después estemos temiendo respirarnos cerca, interactuar, reunirnos?  Quizás quizás quizás. 


* "El linchamiento es un acto colectivo y anónimo, que sigue a la conmoción social producida por un crimen, mediante el cual se pretende castigar a una persona que, se presume, ha infringido una norma, la cual puede ser social (no escrita) o legal (formal). En ocasiones, puede causar la muerte del sospechoso". Recuperado en https://www.significados.com/linchamiento/ 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Al filo de una montaña


"El tipo de yoga que hago desde el 2013, está inscrito en la línea del yoga integral que es una mezcla de buenas prácticas de diferentes linajes del yoga asentada en la creencia que, a través de esta disciplina volvemos a nuestra "condición natural" y saludable. Esto, sin embargo, no me impide acercarme y explorar otros estilos de yoga existentes en la ciudad". Sandra Erika Gómez O.

Yogendra es un ashram al filo de una montaña. Mira de un lado a la ciudad y del otro a la naturaleza en su callada majestuosidad y exuberancia. Es un sitio con mucha luz y aire, y que de acuerdo, a Venurita Devi Dasi, coordinadora de actividades del lugar, tiene dos guardianes estratégica y estéticamente ubicados. Dos guaduales vigilantes que cuidan con recelo, la energía que allí confluye y se renueva.

Cristo Rey visto desde la vereda El Faro. Foto: SandraE! of course
Yogendra está ubicado desde hace cuatro años en el Callejón El Morro, a 6 kilómetros de Cali, por la vía que conduce a uno de los sitios turísticos emblemáticos de la ciudad, Cristo Rey. Yogendra recibe su nombre gracias al maestro espiritual y guía de la comunidad que aglutina, Gurudeva Atulananda. Y precisamente lo que hay detrás de este espacio como intención es, el desarrollo humano y el de una comunidad que se quiera beneficiar de un estilo de vida yoguico. Usualmente  en Yogendra se realizan actividades cuyo eje principal es el Bhakti[1] yoga, o el yoga devocional. De allí irradia a múltiples prácticas como el kirtan[2], ceremonias de fuego, meditación, entre otras. Hablé en este lugar con dos mujeres jóvenes que de manera informal compartieron sus percepciones de lo que es Yogendra mientras estaban celebrando los cuatro años de vida de este proyecto.

En palabras de Syam Vallabhi Devi, cultivar una relación amorosa con Dios a través de prácticas purificantes es el fin último para que un sitio como este exista, en la zona rural de Cali. Syam quien es la directora y es maestra senior de yoga en el ashram, nos comparte su visión de la necesidad de estas acciones purificantes para que “el amor que está atrapado en nosotros por el polvo o maya (la ilusión) pueda liberarse. Una vez logrado esto, nuestra esencia, el amor por todas las almas, surge”. Eso que parece ser estamos todas las personas buscando afuera, ya lo tenemos dentro, y está aguardando, nos dice Syam.

Yogendra para Venurita Devi Dasi, coodinadora de actividades del lugar, es refugio y tranquilidad. Señala que las personas que llegan a él, van buscando cosas distintas a las que la ciudad de Cali puede ofrecer. Es un lugar de retiro, para experimentar la práctica de yoga, la propuesta de una alimentación saludable, hacer trabajo voluntario y, bajo la sombra de los árboles, con o sin pretextos, hablar de Dios.

Como quiera que sea, cualquiera la versión de Yogendra que le resuene más, este es un sitio que debería visitar y disfrutar con sus propios sentidos y medios para poder hacerse una imagen propia de todo lo que puede haber al filo de una montaña: Clases de yoga con personas certificadas, profesorados de yoga acreditados por The Inbound School of Yoga ya que Yogendra es una de sus sedes en Latinoamérica (en https://www.yogashramcali.com/inbound-school-of-yoga.html), meditación, alimentación sana, cantos devocionales, guaduales amorosos, que a veces cantan y, sobretodo, por encima de lo que usted crea, una opción para vivir la vida de otra manera. Namaste.



[1] “El bhakti es un movimiento religioso hinduista que enfatiza el amor de un devoto por Dios”, recuperada de https://es.wikipedia.org/wiki/Bhakti
[2] “Un kirtan es una parte del Bhakti Yoga que consiste en cantar mantras devocionales”, recuperada de http://granexplorador.com/kirtan-bhakti-yoga/

sábado, 9 de febrero de 2019

Del tamaño de la Greta

"Los adultos se la pasan diciendo se lo debemos a los jóvenes...debemos darles esperanza. Pero yo no quiero su esperanza. Quiero que actúen como si la casa estuviera en llamas. Porque está" .Greta Thunberg.

Inicia Febrero, un mes que significa amor por las celebraciones de San Valentín que se han venido extendiendo desde el país del norte a otros países del mundo. Creo que, por esto, es el mes de las rosas rojas, los chocolates pralines belgas y muchas invitaciones a restaurantes y lugares para sellar lo que cupido ha unido con su flecha.  Cuánta imaginería construída en torno a un músculo que cuando decide parar, nos deja sin pulso y sin días para contar.

Tomada por SandraE of course, en el taller de arte del colegio Montessori en Willington, DE
Corren tiempos de oír noticias calamitosas y de ver situaciones color infamia. El desaliento, la depresión, la incredulidad se exacerban. En ese pequeño nuevo mundo perverso de las redes circulan toneladas de relatos que parecen salidos del boletín de un manicomio. Cuando en dos puntos de la geografía, dos personas totalmente desconocidas, se acercan a mi a través de las redes y me dicen: "No hay noticia buena", concluyo que estamos viviendo una suerte de locura epidémica masiva. A punto de ser pandemia. 

Las señales están en el aire. Son ya tan palpables que hay una tarea urgente e inaplazable: crear una celebración que junte el día de San Lázaro y el de San Valentín. Sin ser creyente ni devota, pero ubicada por los azares en esta geografía Surcreyente, me decido a postular  entonces, el día de Santa Lazentín, la patrona de todas las personas que requieren revivir de inmediato su corazón. 

Se imprimirán millares de estampas para repartir en primer lugar, a aquellos que matan el liderazgo social pacífico en países como el mío que está intentando cerrar las heridas dejadas por la guerra; en segundo lugar, a quienes enjaulan a la niñez y juventud y los separan de sus progenitores;  en tercer lugar, a la mujer que esta semana saliendo de un parqueadero en el tradicional barrio San Fernando de la ciudad de Cali, muerta de la risa, me tiró el carro y casi me atropella, ante mi asombro y el de los peatones que por allí pasaban; en cuarto lugar, y no por eso, menos importante, a todos los líderes que traicionan los ideales y sueños del pueblo que los ha elegido con el corazón.

El mundo y sus habitantes, nos hemos venido quedando sin espacio para reconocer que necesitamos revigorizar el latido, reverdecer la llanura de este lugar que describimos como el centro del cuerpo porque conecta la razón con la emoción. Este ritmo del corazón que debería ser expansivo, se está achicando; nuestro ecuador interno, se asemeja cada vez más al filo de una navaja que cae implacable sobre el otro o la otra, desconociendo que somos a nosotros mismas a las que rebanamos.

Foto tomada de Facebook

Se escuchan voces y mensajes concretos de personas que creyeron desde tiempo atrás en Santa Lazentín; sin embargo, en mi criterio, no son suficientes. El coro que le apueste a seguir engrandeciendo el ritmo de este latido y a ver florecer la llanura, necesita ser más grande, más nutrido, más del tamaño de la Greta Thunberg!

domingo, 30 de diciembre de 2018

Spirit Airlines o la "bare fare"

Vuelo 594, Spirit Airlines. Hora de salida de Cali, Colombia prevista, 7:00 a.m. de un sábado, Diciembre 29 de 2018.  Hora prevista de llegada a Fort Laudardale, Florida, 10:56 a.m. Hora real de salida: 7:04 a.m. Hurrah!
Reporte de viaje identifica unas pocas turbulencias en el vuelo. El avión está nuevo, sin sillas que se reclinen, sin pantallas, sin ningún tipo de aditamento adicional. Te ofrece lo básico. La tarifa, la más económica. Por eso la llaman la "bare fare" o la tarifa desnuda. Si va adecuándola a su preferencia, la va vistiendo, y eso, cuesta. Si escoge el asiento, paga. Si lleva equipaje adicional a una pieza de mano, paga. Si quiere alimentos y bebidas, paga. 
En vuelo a las 9:46 a.m. registro y pienso mientras veo las nubes por la ventanilla, que esto de las aerolíneas de bajo presupuesto tiene sus ventajas. Primero, te sacan de tu zona de confort, nunca viajo en ventanilla, me gustan los asientos de corredor y me asignaron ventanilla; te vuelven personas esencialistas, tienes que reducir tu equipaje a lo esencial, y hasta te ponen a fluir en modo juguetón, pues, al no tener información de vuelo en pantalla, cada que miras por la ventana, al ver alguna parte de la geografía, juegas a las adivinanzas para intentar saber dónde va el avión. 
Tocamos piso de pista del aeropuerto de Fort Laudardale a las 10:36 a.m.. Eso significa que  llegamos con 20 minutos de adelanto? Sí y no puesto que no tenemos "gate" o puerta de desembarque asignada. Hora de salida del avión, a las 11:15 a.m. 
Aprendo entonces que una es la hora de poner la aeronave en tierra y la otra la de llegada oficial al destino. Llegamos a una parte, cuando caminamos por los corredores del aeropuerto donde desembarcamos. En este caso el Internacional de Fort Laudardale - Hollywood. Llegué y con el nombre de este aeropuerto me siento una estrella.



sábado, 8 de diciembre de 2018

El grito...no el de Munch, sorry



"Estoy vivo" grito de habitante de la calle
Cali, Colombia, mañana de un día de Diciembre, 2018

Qué manera de despertar! Qué buenos días tan fantásticos! Este ciudadano desconocido, este habitante de la calle con una apariencia de días y noches a la intemperie, este hombre quizás con una vida llena de drama y desesperanza, me levantó de todas mis muertes y silencios con su grito.

La mañana era cualquiera, el día irrelevante. Pero este grito-constatación-himno de la alegría de estar vivos, me modificó a un nivel superficial y profundo. Y cuando digo profundo, quiero decir, celular. Empecé a sonreír y después, a notar, a mirar, a percibir que todas las personas a mi alrededor estaban vivas!!! Imaginé en un segundo, como dando un parpadeo, que se formaba un gran, un multitudinario “flashmob”[i], entre esa masa amorfa de rostros apresurados caminando en modo zombi hacia la estación de transporte. Los vi levantar las manos y empezar a gritar, “estoy vivo”, “estoy viva”, tratando de alcanzar la intangibilidad del goce que comprimen estas cuatro letras, V I D A.

El caminar los días después del grito, empieza a aclarar que hay personas vivas de personas vivas y clases de vida. Unas están como la abuela de este video, empezando a vivir a los 65 años sus sueños (https://www.facebook.com/hostelworldespanol/videos/2019335591415273/). O están los que viven soñando mientras viven y sueñan. Y hay los pregoneros de la existencia. Los que aplauden entrar en un estado de conciencia para reinventar  esto que hemos llamado vivir.

¿Estamos realmente vivas en medio de las formas de vivir adoptadas y con los estilos de vida a las que nos ha lanzado nuestra cultura  y sociedad? No quiero calificarla con las principales etiquetas del feminismo: patriarcal, neoliberal y racista. Digamos la cultura y la sociedad occidental, la consumista, la que conocemos, en aras de evitar la elucubración sesuda sobre si en esta cultura, es el género, la raza, la clase social, la que nos oprime y por allí mismo, nos divide, nos excluye y nos vuelve, objetos vacíos de subjetividad o impostoras de subjetividades mediatizadas por la tradición, las costumbres y las revistas de modas... ufff!  

La sociedad y cultura occidental y consumista a la que vinimos a sumar y a la que debemos “adaptarnos”[ii], el ejercicio de vida que propone es uno donde al parecer llegamos a “quemar” etapas y a “encajar” en moldes pre-concebidos; a ser funcionales, productivas, a alcanzar “picos” y “metas” para luego empezar a descender en la escala hasta llegar -si es posible-, a nuestra “madurez”, para recordar -si el alemán deja-, lo vivido. Porque el viaje se acaba, la vida es finita, el show termina.

Algunas personas podrán considerar estas palabras muy toscas o rudas. Otras muy francas. En realidad, el no-propósito de este escrito, es, como el hombre que despertó mis sentidos y abrió mis canales para fluir en un ritmo distinto con un grito. 

Vivir por vivir, no se vale. Vivir para vivir, como Serrat cantaría, sí. Vivir para equivocarnos, para caer, para levantarnos, para des-adaptarnos, para des-limitarnos ( juro no estarme robando ningún slogan de alguna publicidad de telefonía celular, Je!), repito, para des-limitarnos de las visiones que la cultura y la sociedad nos han impuesto, podría ser una mejor oferta que no-tener/ser vida, mientras vivimos.

Estamos vivas! ¿Estamos vivas?

La voz de la sabiduría, " El vivir intensamente es el viajar", Kandy, Abuelita mochilera.


[i] Flashmob de acuerdo a san google es “ una reunion grande pública en la cual personas actúan en un acto inusual y aparentemente improvisado y luego se dispersan, el cuál es tipicamennte organizado por medio del internet o los medios/redes sociales”.
[ii] Siempre recuerdo la palabra que se usa para describir a personas como el señor gritón que inspira esta entrada: desadaptado social; y me viene enseguida a la memoria la frase de Krishnamurti, “ No es sano estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.



viernes, 30 de noviembre de 2018

De Beuys, Buika y otras tribus

"La luz en tu cabeza es el arte" Concha Buika
Entrevista en INFOBAE TV

Entre la escritura de mi última entrada y hoy 30 de Noviembre de 2018, no ha sucedido realmente nada distinto a la vida. Y eso es una gran noticia. ¿Por qué? Primero porque sigo respirando, haciendo yoga, escribiendo y reflexionando en este viaje interno en el que siempre estoy antes de “embarcar” y hacer el cruce de fronteras.
Y el reflexionar además de ser un viaje interno prometedor, se ha convertido en una mirada constante hacia las actividades y acciones que he realizado en estas horas que separan mi vida, de una entrada a otra.
Sin duda, mirar, observar constantemente con una pregunta en la mente, te lanza a una tensión por querer descubrir una respuesta. Una para la que podemos o no estar preparadas. Mi última pregunta me condujo a tomar una decisión: “revolucionar” la ciudad que llevo en mí para encontrar una tribu. Una que permita conversaciones esenciales sobre la existencia, la post-existencia (como está tan de moda la post-verdad, ¿por qué no empezar a hablar de esto?) y sobre el entretanto.

Y he allí que en el continuum de los pasos y pausas de este viaje interno, he visto una película en Cine Colombia y un video que parecen “nada que ver” pero terminan “todo que ver”, como en uno de esos ejercicios de creatividad de los talleres dictados por la American Management Association que tomé en épocas pasadas.

Foto de internet a través de Google search

La película, BEUYS en Cinecolombia alternativo la proyectaron y la fui a ver con ojos de asombro. Es una mirada en modo documental de la vida y obra del artista alemán, Joseph Beuys,  a quien conocí años atrás en una visita que hice a un museo en Estados Unidos. Recuerdo la obra, no el título y el sentimiento que provocó. Una especie de instalación con mensaje guerrero y apocalíptico en la que un helicóptero se encontraba literalmente impactando una de las paredes del museo. Y claro, acto seguido, la pregunta: ¿Quién es este artista? Aquí en Cali no sé cuántos años después estuve conociendo a través de la pantalla gigante, quién era Joseph. Beuys era un artista, un activista quien hizo de su vida y su obra un acto de provocación y de protesta. Creía en el arte como cuerpo social y en el espíritu creativo como el recurso humano natural más democráticamente distribuido. Por esto, cuando pudo y tuvo oportunidad, proclamó que las escuelas de arte deberían ser espacios abiertos y no lugares, templos para el ingreso de unas cuantas personas privilegiadas. La consecuencia de su proclama, un juicio por parte de la institución educativa, en Dusseldorf, al que el reaccionó con su cerebro instintivo, el más sabio: su discurso de defensa fue un gagueo, o gugugueo infantil para tan erudita audiencia. Je!

En su obra Joseph nos enfrenta al arte como terreno de experimentAcción: montó performance, instalaciones, esculturas que surgían como verdades desproporcionadas. Reivindicó lo orgánico en la obra misma y se entregó a propuestas alucinantes, algunas incomprendidas. Hizo de su arte, un manifiesto, y de su dolor, una obra irreverente, provocadora, desafiante.

Esta película termina con una visión del hombre ya cansado. Había intentado integrar y participar activamente de las huestes del partido verde alemán en sus inicios y nunca fue aceptado. En los últimos minutos de la hora y 47 que duraba el documental sobre su vida, este visionario esboza el siguiente planteamiento. El arte es liberador porque nos interroga siempre. La dimensión política del arte, sucede, cuando, la pregunta se construye de manera colectiva.

Foto de internet a través de Google search
El video circulando en redes como Facebook es un segmento de una entrevista más amplia que le hacen a Concha Buika, canta-autora española https://www.facebook.com/sylvia.sanchez.927/videos/1719735754811026/. En este segmento ella nos comparte las ideas que tiene de la iluminación, fenómeno que en este momento tiene tantas personas aspirantes, y sobre cómo en su visión del mundo, este se logra a través del arte. Y aquí en el video, como en la película de Beuys ya en los últimos minutos,  encuentro las palabras que están destinadas a perdurar y seguir haciendo pliegues y olas en las aguas de mi conciencia.  Allí ella, Concha, dice: "la luz de la humanidad es su arte".

Una película y un video, ¿cómo se conectan o sincronizan conmigo y con mi última entrada? He ahí la cuestión. La exploración general, es, la importancia de la tribu. La particular, es cómo construir tribu en un mundo como el actual donde estamos pareciera ser cada vez más “conectados” pero menos dispuestas como personas a tener conversaciones esenciales y transformadoras. En un momento de la historia humana en el que es mejor mandarnos emoticons que tener oportunidades reales para sentarnos a compartir un café o una cerveza, tratando de entender el viaje interno de otros y otras?

Buika con su certidumbre en la palabra de una vida hecha a pulso, dice que la tribu es aquella que da confianza y te permite construir en vez de destruir la vida. Beuys dice que el artista está tratando de dar expresión a las múltiples voces que constituyen sus tribus internas. Sin embargo, en algún momento ese adentro tiene que salir a reunirse en proyectos sociales, de tribu, y de allí su búsqueda, en la política.

Una conclusión posible para esta entrada sería entonces que en la decisión de encontrar una tribu en donde sea que nos encontremos, deberíamos estar atentas a los espacios que nos hacen sentir confianza, primero en nosotras mismas y luego, en el colectivo que generan, porque allí, el devenir no traerá caos ni destrucción sino apoyo y avance. 

Para integrar a tribus pre-existentes como partidos políticos, agremiaciones, grupos de defensa de derechos y libertades, es necesaria la aceptación de quien eres por parte de estas tribus, con todo lo que te da sentido y forma; es decir, con tu pasado, presente y tu potencial. Sin esto, es mejor detenerse. Evitar cruzar las aguas (diría El I Chin), dedicarse a la no acción (dirían las runas, Je") y esperar a que el tiempo sea el propicio. Quizás como diría un amigo: en estos casos es mejor no buscar la tribu, sino dejar que ella te encuentren sin esfuerzo.

Podrían nombrarse de mil formas...pero prefirieron llamarse Beuys y Buika.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Conversaciones esenciales

"Lo más terrible se aprende enseguida
Y lo hermoso nos cuesta la vida"
Canción del elegido, Silvio Rodriguez

Desde que me pasó el jet-lag de mi último viaje, se fue el cansancio de dormir en camas ajenas y procesé la "tusa" del regreso (*), se me ha quedado calado entre la piel y los tejidos, un desacomodo existencial. Una sensación de constante búsqueda por una respuesta a una pregunta.
Por lo que sé esto del jet-lag, y me refiero a las sensaciones físicas, suele durar de uno a 10 días dependiendo del cambio de horario. Pero cuando hay una emoción más profunda o un sentimiento instalándose entre los días y las noches y algunas veces al amanecer te hace despertar sin razón o motivo aparente, es hora de darle un poco de voz a "ese" algo que está pasando en tu interior.
Y "ese" algo que tengo gira en torno a la pregunta:  ¿ Qué significado tiene volver a la ciudad de nacimiento, al país de ciudadanía,  a esa suerte de espiral energética que te repele y atrae de manera simultánea hacia el centro y que marca siempre el regreso a tu lugar de origen? Esto a lo que algunas personas le llamarían volver al ombligo. Me ha costado habitar el ombligo nuevamente después de este viaje. Y he trazado entonces la génesis de esta sensación/sentimiento encontrando un hilo que intento hoy desenredar mientras escribo.

La fuente de tal estado que me visita y frecuenta por estos días - ya van 26 días desde mi regreso - es la conciencia de una carencia y después de la aceptación, el reconocimiento que es necesario hacer algo con ella: extraño las conversaciones esenciales que sucedieron durante mi breve paso por Europa 2018. Estar viajando y conociendo gente/ re-conociendo las amigas que han migrado a otras latitudes, siempre te coloca en circunstancias en las que cada conversación que tienes con dichas personas, se vuelven esenciales. Intentas recorrer las vidas y existencias con sus caminos conexos mientras te sientas a disfrutar de una copa, café o sencillamente, caminas por un parque. Extraño esto.


Ya de vuelta en mi cotidianidad al recorrer los lugares que habitualmente constituyen mis rutinas, encuentro que la comunicación se vuelve práctica, funcional y se distancia de eso que se destila en las otras conversaciones. La esencia se "destiñe" quedando rápidamente diluida como pintura que no se ha fijado sobre la acera en un día de lluvia. 
Logro, entre los circuitos que recorro en el día a día, algunas pequeñas oportunidades para tener una que otra charla con algún viso de humor y profundidad. Sin embargo, no son muchas. E intuyo que estoy a un paso de un descubrimiento. Mi ciudad, mi círculo, mi habitat necesita ser sacudido por una onda telúrica, un golpe de suerte y salir al encuentro de una tribu. Cero especificaciones a excepción que crea en lo que quiera (incluso en el nomadismo) y que como me decía mi amiga MIS hoy que "le encante hablar de cosas que la mayoría tacha de extrañas. "

(*) En diccionario caleño/colombiano, esta es una especie de resaca después de haber experimentado estados etílicos que puede trasladarse a situaciones como son, la pérdida de un novio, una mascota, etc.)

domingo, 28 de enero de 2018

Cambiar de línea o no cambiar, he ahí el dilema

Dedicado a Diana X, mujer a la que encontré el 27 de Enero de 2018 contra una pared de un edificio  después de ser golpeada por un hombre que cuando me acerqué a intervenir, me gritó: “ vieja chismosa, ella es la que lleva 3 años golpeándome”.


Entre las filas y la espera del servicio de transporte público en cualquier ciudad del mundo se presentan a veces situaciones divertidas, conversaciones insólitas que hasta  parecen inútiles pero terminan en su momento, arrancándote una sonrisa, y días después, se transforman en un buen motivo para escribir. Recientemente estaba buscando hacer un transbordo de una línea a otra del MIO -sistema de transporte masivo de Cali, mi ciudad- cuando coincidí con una pasajera en la fila quien sin rastro de “stress” en su rostro, me dijo. “Uffff llevaba una hora haciendo fila en el paradero equivocado”. Sonreí y luego, “sin censura” como a veces soy, solté esta frase: “A veces así nos pasa en la vida.”

Nunca sabré si ella me entendió o si pensó más en el asunto; sin embargo, con esta línea me puse a “jugar” juegos mentales, hasta que se volvió una pregunta: ¿cuántas veces estamos paradas en la vida en los lugares equivocados, esperando que nos pase algo cuando estando allí, es imposible que nos pase?

¿A cuántas de nosotras la vida nos arrincona, nos coloca en situaciones o en relaciones en las que nos quedamos más del tiempo que debíamos? Ustedes mencionen qué situaciones… un trabajo ingrato que no nos permite desarrollar nuestro talento y habilidad; una relación que parece estar sin aire o próxima a llevarnos a la sala de urgencias de un hospital; un país que parece no proporcionar lo esencial para vivir una existencia digna, alegre y segura…en fin, díganlo y sabrán. Y entonces, claro, al quedarnos allí, nada nos pasa. Cualquiera de estas circunstancias, son “hacer-fila-en-el-paradero-equivocado”.

De pronto estamos en la fase del martirio y seguimos cada día, abordando el bus equivocado con tal que vaya a algún lado. Parafraseando a alguien - no sé a qué lumbrera -  parece ser que nosotros los seres humanos, somos los únicos que seguimos haciendo lo mismo esperando obtener un resultado distinto. Otras lógicas, nos dirían que somos los únicos que seguimos apegados a los resultados, cuando en realidad es el cosmos o el universo, en su magnificencia y perfección, el que nos guía y nos entrega los resultados que necesitamos. No sé…no se trata de volver este tópico algo muy existencial ni profundo, por lo tanto, lo diré así: Es urgente, darnos cuenta y hacer algo al respecto. Movernos. Cambiar de acera. Sacudirnos la inercia. Ponernos en marcha, tomar la iniciativa, decidirnos como sea, a hacer algo.

No  olvidemos, la vida como el sistema de transporte de cualquier ciudad, tiene más líneas disponibles. Unas que quizás nos ayuden a conectar con las personas y las experiencias precisas, en el horario y en el momento indicado.

sábado, 20 de enero de 2018

Cualquier día, cualquier calle en Cali



Muchas discusiones sobre la "toma" o invasión del espacio público siempre han girado en torno a las personas que desde su situación de precariedad económica se ubican en los ándenes, puentes, pasos peatonales y nos ofrecen toda clase de productos. Van desde los famosos dulces, golosinas y chicles, hasta los grasosos fritos de tradición como empanadas, hojaldras, papas rellenas y demás viandas, que a los peatones, les sirven para "matar el hambre".
Entre las rutinas que tengo de transportarme en el servicio público, cero conexión con celulares o tecnología -lo cual me ha permitido estar atenta a mis alrededores y saber qué está pasando en el mundo que me rodea-, recientemente caí en la cuenta que nuestra ciudad, tiene una creciente población de personas sin techo, alojadas de manera más o menos permanente, en las calles y andenes. Digo que ha crecido y quizás no sea exacto, sino que antes no lo había notado. Y entre estos habitantes callejeros que empecé a notar, descubro una población mayoritariamente masculina que se ha ido desperdigando en especial, en las calles del centro, y que son consumidores de sustancias que van desde el pegante o cola, hasta el bazuco, la marihuana y quién sabe qué otros aditamentos.
Estuve observando los lugares preferidos de estas personas y son las construcciones o edificaciones que tienen poco movimiento y algunas creo, se encuentran vacantes. Allí se van esparciendo al resguardo y apoyo de cualquier pared firme, a drogarse, y luego "vacios de su propia humanidad" se van desmadejando en un sueño o viaje.
Los sigo con la mirada y de nuevo, mi imaginación fecunda, los transforma en coloridos hongos que le han ido saliendo a la ciudad, en sus horas de ignorarlos y abandonarlos a su suerte. Usualmente los acompaña un costal o un perro que también parece dormir el sueño de los animales que sueñan. 
Nuestro gobierno local no sé qué compromiso tiene con estos "seres hongos" que van apareciendo salvajemente sobre nuestra transitada vida de ciudadanía indolente, desarticulada de una visión compasiva para este conjunto de seres humanos y su pérdida de voluntad ante la adicción. Quizás muchos no quieran otra vida.  O sencillamente, han olvidado quiénes son y lo único que parece reclamarlos es ese costal, ese perro, ese anden, esa calle poco transitada...
Un viaje parecido al de este tipo de viajantes tendremos las personas viajeras al estar en contacto con otra realidad, otra cultura? Nos volveremos también adictos a esta forma de vivir entre maletas, países y aeropuertos? Risas.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

La última clase de yoga, 2017: vida compartida

Ayer estuvimos en la última clase de yoga del 2017 en Ama Yoga. Asistimos pocos porque en estas fechas la mayoría de las personas tienen montones de compromisos familiares y comunitarios que les hacen no querer estar en posturas como " perro mirando abajo" ó Adho Mukha Svanasana, sino en posiciones más gratas como "humana sentada en sofá" cantando villancicos antes de comer natilla y buñuelos. Risas.


La última clase estuvo rítmica, dinámica y difícil. Muchas posturas que hacía tiempo no realizábamos y algunas nuevas, se fueron planteando en la secuencia a cargo de Ana María Palau, la profesora que ha hecho que se consolide nuestro grupo de yoginis en Cali. Siempre hay una población estable y una itinerante entre las que asistimos. Soy de las fervientes y entusiastas que desde hace años, nunca falta a la cita, a menos que me encuentre viajando.

En el yoga hay dos momentos claves para mí: el inicio con una meditación que nos lleva a aterrizar en el presente y, una vez en este lugar, "sembramos" una intención en la práctica que resuene durante toda la clase; y el cierre, en el que hay un tiempo de relajación/meditación y agradecimiento a nuestros cuerpos, a nuestra sintonía con la respiración que se vuelve conciencia. Esto va seguido de un canto de Om Shanti Shanti Shanti.
En el día de ayer mi intención estuvo dirigida especialmente a todas las mujeres del mundo para que durante esta época no se dejen arrastrar por el frenético ritmo que hay impreso en los días navideños. Pensaba en nosotras allí y me parecía fácil imaginar que estábamos en un oasis mientras el resto del mundo sucumbía al marasmo.

Mi meditación final - que siempre incluye la petición del fin de la violencia en el mundo - ayer tuvo un toque especial. Pedí que todas en este tiempo, podamos "bajarle" a la agitación. Ojalá y nos propongamos parar la carrera loca del consumismo y, decidamos, regalarnos, tiempo, palabra, alegría. Vida compartida. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Cuando sabemos que estamos entre países, entre mundos, entre ...

Siempre después de un viaje hay una época de euforia que puede durar o terminar abruptamente. La nostalgia por lo que dejamos atrás puede invadirnos. O sencillamente, la sensación de un eterno desacomodo, nos persigue. Qué es? Estamos de nuevo en nuestro país y sus rituales. Las rutinas que conocemos y nos resultan fáciles. Vivir en el propio origen, donde se supone que está enterrado nuestro ombligo, se siente como "pan comido".
Entonces por qué nos acechan los recuerdos, las memorias, las imágenes de otras geografías?
Entrar en un modo volver necesariamente implica ajustes.


Hemos estado en otro lugar, hemos sido visitantes de otra cultura que nos ha mostrado su cara y la hemos visto para bien o para mal.
Quedan las fotografías, las conversaciones, las observaciones, las anotaciones, las vivencias, las sensaciones que no se pueden describir todas en una entrada de blog.  Recibimos, como un nuevo impulso para volver a asumir lo que llamamos nuestra propia cotidianidad.
En este tránsito me encuentro: viendo lo que dejé con ojos nuevos y, extrañando lo que de mí se quedó en otra parte.

Empiezo a sentir mi ciudad, su latir, las vibraciones, las relaciones, las agradables ráfagas de viento al atardecer tan características de mi Cali, y claro, lo disfruto todo. Sin embargo, empiezo a reconocer también que algo no está más quizás porque nunca ha existido.
Las calles en mi país, están totalmente tomadas. Lo que se llama vía pública, en Cali, es un bazar donde cada persona, se posesiona y emprende un negocio, de ventas. Venden dulces, empanadas, minutos, loterías, venden hasta a la madre, como usualmente, se bromea. 
Otro aspecto que noto es que somos completamente irrespetuosos con el otro. El otro, llámese peatón o peatona, conductor, es alguien al que no importa, si le tiramos el carro, o si le pitamos e insultamos, hasta el cansancio, porque es así como es y siempre ha sido.

Uruguay es un país en el que al peatón se lo tiene en el primer lugar. Las personas al volante nunca pitan, las calles no son un bazar y hay cierto sentido de espacio que no le pertenece a nadie porque es de todos y todas.
La nostalgia de lo que ya pasó, se puede transformar en tristeza o en depresión. En mi caso, no será así. Estoy en el aterrizaje a mi realidad que siempre puede ser transformada. Igual, si no la puedo trasnformar, me pertenece y puedo aceptarla o dejarla ir, con una sonrisa.