miércoles, 8 de abril de 2020

La medicina de la ciudad

Hace quince días en mi país, Colombia, la normalidad ha sido interrumpida por una amenaza en la forma de un virus que está segando vidas en ciudades de países del continente asiático y europeo. Ya llegó al paisaje del continente americano, dejando una piña de ataúdes y las calles vacías. Las muertes suman cerca de 80.000 en el mundo. 

Hace días debió aparecer esta entrada, lo sé. Esta época declarada cuarentena obligatoria y de aislamiento  social por el virus en el mundo, ha puesto el tiempo a correr de manera distinta. Se estira y contrae, para volver a estar impasible en el tic-tac-tic-tac de las manecillas del reloj.  

La cuarentena nos arrincona en un lugar para que no salgamos a exponernos. Los editoriales de los diferentes medios del mundo han hecho toda suerte de vaticinios. Están los que auguran que después de esto vendrá el colapso del capitalismo salvaje. Los que sostienen que es una suerte de mensaje que quiere dar la madre naturaleza, o los que insinúan, es una conspiración asiática para darle una lección a occidente que no olvidará. No me alineo con ninguna de las opiniones. Sencillamente, creo que sí toca entrar en la quietud, y quizás, aprovecharla para hacer un ejercicio de reflexión que nos cambie.

Hace tiempo vivo entre la ciudad y el campo. A mis estadías en el campo las denomino la medicina de la montaña (Ver entrada, sandraoye.blogspot.com/2019/05/la-medicina-de-la-montana.html). Eso significa que he estado en aislamiento elegido desde hace algunos meses. En tiempos como los que corren encuentro poderosa esta medicina de rincones verdes por explorar, mientras el mundo se encuentra experimentando paranoia y desasosiego.
Foto: SandraE of course! Caminata por Corregimiento Los Andes,
La paranoia y con ella, los estados alerta -que para el cuerpo usualmente implican inflamación y una respuesta que deprime nuestro sistema inmune- parecen estar en apogeo. Una amiga a quien en estos días pregunté cómo estaba, me compartía: “Yo estoy un poco paranoica...dijeron que había un contagiado en la unidad (residencial) así que me da mucha ansiedad salir aunque sea a regar las matas fuera de mi apto". 

Estados así, paranoicos y ansiosos, nos hacen alejarnos de lo que posiblemente es nuestra medicina de la ciudad: regar las plantas y cuidar un jardín. Nos queda mucho por delante. Mientras sorteamos la espesa niebla de la incertidumbre durante este tiempo de reclusión obligatorio, simplemente, quedémonos en casa sin paranoia ni ansiedad. 

Foto: SandraE of course!
Contemplemos. Meditemos. Reguemos las plantas y pensemos en todo lo que está floreciendo en el mundo gracias a la cuarentena. 


jueves, 19 de marzo de 2020

De las mujeres en el 2020, año de cuarentena


Dedicado a Manuela Zuleta Murcia y Sofía del Pilar Álvarez Gómez
"Lo peor que me ha pasado es haber nacido mujer", joven de 18 años, Enero 2020

Sentencia esta que una no esperaría escuchar a comienzos de año.

Consultando en un foro abierto como el de las redes sociales sobre qué podría decir ante este tipo de sentencias, una maestra, amiga de algunas orillas de la vida, Vilma Penagos Concha, dice que las opciones podrían ser: a) decir nada; b) “tal vez diría que el ente mujer no existe, que su problema es un falso problema”.

Me incliné por la opción a). Sin embargo, me queda un agridulce sabor en la boca y heme aquí. Intento con urgencia encontrar una respuesta para saber qué diré o haré ante la próxima joven de 18 años, que me salga con semejante frase en esta era qué ya ni sabría cómo calificarla. ¿Sería la del post-feminismo, una en la que no existimos?

El feminismo ha sido construido por mujeres que quizás en algún momento pensaron que lo mejor que les había pasado era nacer mujer; sin embargo, las condiciones de su entorno, parecían ignorarlas, no respetarlas. Estuvieron cómodas en su piel sintiéndose incómodas al no ser reconocidas en las medidas justas: La humana y la política. Ellas decidieron entonces dar aliento a un cuerpo de conocimiento y cuestionamiento sobre el hecho de nacer mujer en tales condiciones. Las voces que hicieron que este cuerpo hablara fuerte y claro provienen de muchas mujeres quienes desde la academia, la filosofía y la literatura, principalmente, expresaron lo que pensaron y elaboraron propuestas de cómo cambiar el estado de las cosas. Cuando estas cosas se empezaron a implementar, el feminismo, pasó de ser un cuerpo y muchas voces, a ser un movimiento social revolucionario que pervive.

Foto tomada por SandraE of course! en Matagalpa, Nicaragua
No es mi intención listar a todas las mujeres que aportaron a la construcción de esta teoría/acción, traer ahora la historia del feminismo mundial y sus olas o diferentes expresiones en lo que se conoce hoy como feminismos diversos, ni enumerar los logros del movimiento en sí (Puedes votar? Gracias a quién? Puedes ir a la universidad? Gracias a quién? Puedes elegir y ser elegida? Gracias a quiénes?).

La próxima vez que me digan, "lo peor que me ha pasado es haber nacido mujer", lo primero que haré es decir: “Te entiendo”. Y luego, amorosamente con una gran sonrisa, entregaré un kit esencial para no feministas que considere una bibliografía esencial y múltiples enlaces a películas sobre lo que ha sido experimentar este sentimiento de injusticia y de “rabia ética” global [1]a partir del cual se construyó un camino y un puente trazado por el feminismo para que las mujeres y niñas lo cruzáramos y nos encontremos donde estamos ahora.

Para finalizar podría, si todavía la joven está atenta, compartir que hubo un fenómeno, en el 2019, en el que el rumor de tantas naturalizaciones de lo incorrecto e injusto, desbordó las copas de tantas culturas y mujeres en este planeta tierra. A través de un performance, llamado “un violador en mi camino”, creado por un puñado de mujeres, Las Tesis[2], se logró tramitar públicamente, un secreto a voces : la violencia tolerada por los estados contra las mujeres y niñas. A la mayoría de ellos, las mujeres y las niñas, no importan. No se comprometen lo suficiente para que no crezcan creyendo que lo peor que ha pasado en sus vidas es nacer mujer. En realidad, lo peor es nacer mujer en estados cuyos gobiernos no hacen lo que corresponde para proteger el lugar, la piel, la sangre que corre a través de la vida de las mujeres.

Foto tomada por SandraE of course!








[1] Ver “She´s beautiful when she´s angry”. Ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Zq3wYppj804
[2] Las tesis es un colectivo feminista de Valparaíso, Chile. Ver performance original aquí: https://www.youtube.com/watch?v=aB7r6hdo3W4

viernes, 21 de febrero de 2020

El país de las 4 C´s

Lo inevitable pasa. Llega el momento de decirles adiós a las experiencias viajeras y con la despedida, los pensamientos y sentimientos de lo que trajeron. Uno siempre recuerda lo que siente. A eso le llamamos memoria corporal. Para recordar lo que pensamos, escribimos. Yo, escribo, al menos.
Foto: SandraE of course! En una vía en Miami, Florida
Este viaje ha concluido con un estado de "eureka" con respecto a los Estados Unidos de América o los Estados Unidos de Norteamérica, como me dijo un amigo sería más correcto llamarle. Como sea, Estados Unidos de América es un país que tiene sin duda sus encantos y sus múltiples destinos viajeros. Ciudades que nunca duermen, como Nueva York y otras, donde sí duermen y siguen soñando el "sueño americano". Uno que cada vez es más parecido a la "pesadilla norteamericana"* dicen por allí.

En el pedacito de tiempo que estuve tuve la siguiente percepción. Este es el país de las tres C: carro, comida rápida y control remoto.

Las ciudades intermedias o pequeñas te ofrecen tranquilidad a borbotones; sin embargo, no cuentan con sistema de transporte público. Eso significa que son ciudades donde moverse en el perímetro urbano o a sitios vecinales, o remotos, te impone el uso del carro. Sin carro, no hay paraíso.

En el tema de la comida la norma es que, dado que la mayoría de las personas tienen su tiempo comprometido básicamente en el trabajo que les permite hacer el dinero que requieren para pagar las cuentas ( pago de cuota de casa, gasolina, alimentación, servicios y reparaciones, diversión, etc.), cocinar es un lujo. Hay que simplificar lo relacionado con la preparación de alimentos y eso toma forma de dos maneras: (1) utilizas mucho lo que está procesado y enlatado, o (2) comes comida rápida de sitios que las preparan para ti. Tu opción es variada: desde Mac Donald´s, Taco Bell, Pollo Tropical, Denny's, hasta algo conocido como "cantinas" donde puedes llamar a que te envíen a domicilio los menús del día.

Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale Foto: SandraE of course!
El control remoto, ese adminículo que utilizamos ya en muchas partes del mundo, en este país es un objeto coleccionable porque ya no se trata de uno o dos de ellos; hay tantos como aparatos existan en una casa, para pasar horas y horas disfrutando del entretenimiento, en el caso de la televisión, en forma de películas, noticieros, diferentes series y programas. Lo que no vives en la realidad, lo vives sentado o sentada frente a uno de estos aparatos que son la manera fundamental de relacionarte con el mundo. Y si no trabajas fuera de casa, por una u otra razón, ellos son tu compañía.

Creo que olvidaba una última C. La de las compras o el mundo del shopping. Un mundo en el que definitivamente cada que puede, la ciudadanía se sumerge para adquirir los bienes y servicios del día a día; otras veces, lujos innecesarios que son posibles gracias a la magia del dinero plástico, como es el caso de las tarjetas de crédito, que circulan de manera abundante entre personas de diversos perfiles y ocupaciones. Para ir de compras, necesitas usar la primera C: carro.**

Y ¿qué pasa o qué hay de raro en este escenario? Carros, comida rápida, controles remotos y compras... ¿no son cosas afines a todos los países y culturas?  Claro que sí. Sin embargo, me llamó poderosamente la atención cómo las personas se entregan a estas actividades de manera excesiva: Cada casa necesita varios carros, cada fecha sin importar cuál es, es día de hacer compras y, hay un arsenal de electrónicos y controles, casi para cada persona o habitación de una unidad familiar.

En este país de más de 300 millones de habitantes, hay cierta compulsión y vehemencia en los consumos. Todo parece desmedido. Haga si tiene la posibilidad la próxima vez que viaje allí, el experimento de ir a mercar a un establecimiento comercial como Walmart, Publix, Whole Foods o Winn Dixie y cuente el número de bolsas plásticas en el que le empacan las compras. Son montones.

Y claro, surgen las miradas de contraste.

En otras geografías del mundo, se intenta ser amigable con el planeta y se actúa tratando de regularizar y penalizar los excesos. Aquí en Colombia, tenemos regulaciones y controles, hasta cargos por contaminar-  o usar objetos que contaminen. Por ejemplo, lo de pagar por las bolsas de plástico para cargar los víveres que se compran y consumen. O el famoso pico y placa para la restricción de la circulación de automotores en el día. Parece cómica, por decir lo menos, nuestra preocupación por la ecología y por un planeta verde, como país de 48 millones de habitantes, frente a este vecino del norte, donde más de 300 millones de personas están dando forma a su existencia dentro de un modelo que parece más un síndrome: el de querer comprarlo todo, consumirlo todo, agotarlo todo y ansiar más***.

Volví pensando que es en esta mirada de contraste que uno descubre las realidades contradictorias. Lo único que queda es seguir intentando hacer lo que esté al alcance para contrastar más y más las miradas porque es de esta manera que logramos identificar, en medio de este panorama, personas y organizaciones que están haciendo lo posible por vivir en un mundo más sostenible y menos injusto. Así fue que, por puro contraste, encontré a Rob Greenfield en el internet. Rob es un aventurero, activista medioambiental con perfil humanitario que está empeñado en ser agente de cambio y busca desarrollar nuevos modelos para la vida armónica con el medio ambiente****. Rob independientemente de su país y cultura, tiene proyectos que gritan que otro mundo es posible. Como él hay personas que, día a día, intentan no adaptarse a los síndromes que les han sido impuestos.

Ya lo decía Jiddu Krishnamurti, "No es signo de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma". 
Hay que viajar para volver y echar la vista atrás. Sin desesperar ir por el mundo y seguir buscando y descubriendo miradas de contraste y realidades contradictorias. Feliz resto de febrero 2020.

* Contribución de un par de lectores de mi artículo que me pareció válido de incluir después de escrito, hoy febrero 28, 2020.
** Otra vez gracias al lector Hernando Llano A. se modifica el artículo. El sugiere que la C de compras ha llevado a que en Estados Unidos la C de la de ciudadanía se haya cambiado por la de consumidor/a.
***En Netflix se pueden conseguir documentales que son un buen material para entender cómo funciona el consumismo, por ejemplo, en la moda. Para esto, ver "The true cost".
**** Ver más de Rob Greenfield en https://robgreenfield.tv/ y en https://www.facebook.com/RobGreenfield/photos/a.278209438972808/2577331509060578/?type=3&comment_id=2579010895559306&notif_id=1581957716062761&notif_t=feedback_reaction_generic)

sábado, 25 de enero de 2020

Entre viajes

Soñamos con viajes interplanetarios, con viajes astrales y, quizás, con tele-transportarnos. Nuestra imaginación que puede con todo nos alienta. Algo que quizás no hemos intentado lo suficiente, es viajar mientras estamos de viaje. Y no. No estoy hablando de las medicinas sagradas como el yagé o ayahuasca. Nombro así a aquellas experiencias viajeras en las que dentro de un viaje dialogas con otras personas, quienes están  de viaje también, y en ese cruce de historias y exploración de realidades, te hacen emprender nuevos rumbos.
Este telar de relatos tejido con personas que habitan otras latitudes mientras viajas, te permite dar una  mirada a tu mundo, visualizar una perspectiva del suyo y converger o divergir en lo esencial de quién eres y cómo vives.
A veces dicha oportunidad entre viajes, deslumbra. Otras…no tanto.
Me acaban de pasar ambas cosas. 
Deslumbrante.
En la primera semana de mi viaje actual, compartí con personas que viven en un tercer país, quienes migraron hace más de 20 años de Colombia buscando nuevos horizontes. Entretenida me entero sobre cómo allí, en Francia, país que está en paro y tiene movilizaciones desde el año pasado, hay personas que al vivir en municipalidades comunistas, reciben un "carrusel" de derechos sociales por el simple hecho de morar allí. Es decir, por vivir en dichas comunidades, estas personas ven la cristalización de muchos de sus sueños de modo pleno. Tener acceso a vivienda de modo gratuito o a muy bajo costo, derecho a la educación para sus hijos e hijas y a la salud propia, subsidiados, son algunos de ellos. El punto es que estas municipalidades "rojas" como se les conoce, no son todo Paris. Y de allí, el clamor general de una  ciudadanía que despliega su inconformismo frente al status quo; una ciudadanía que sigue "rebelándose" porque se siente vulnerada ante la disparidad y el desequilibrio imperante. La magnitud de su insatisfacción, transformada en protesta y resistencia, se vuelve huelga, plantón y movilización en calles y bulevares, exigiendo mayor libertad política, igualdad y el fin de la multifacética y camaleónica corrupción. 
Foto: SandraE! of course
Alarmante. 
En la última semana, pude conversar con una mujer de Honduras quien al comentarle que, años atrás, por razones de trabajo había vivido en este país, compartió conmigo algunas palabras durante su recorrido en el metrorail o transporte masivo de Miami, Florida. Cuando pregunté qué tal estaban las cosas en su país, me dijo con una sonrisa melancólica, " muy mal". Mencionó la falta de trabajo, la violencia generalizada por la presencia de maras[i] y grupos de delincuencia común, y la corrupción en la policía, como los principales males que aquejan a las personas en estas tierras. “Los mareros están asociados con las fuerzas de la policía. Porque ¿cómo se explica que las personas que ponen denuncias cuando son atacadas por estas pandillas, luego aparezcan muertas?". Al final, me habla, o mejor, me confiesa, que teme por su hijo joven quien se encuentra allá todavía; aunque le pagó sus estudios y los terminó, no encuentra un trabajo con un salario digno. "Yo le he dicho: mejor quédese en la casa cuidándola y yo le mando dinero". 

Viajas entre viajes. De la orilla del asombro al mar de la desesperanza.  Qué contrastes y ribetes de realidad tan diversos existiendo al mismo tiempo! Y podrían surgir infinidad de preguntas ¿qué tendría que hacer una sociedad como la hondureña para estar como la sociedad de la tierra de la liberté, egualité y la fraternité? En un momento las historias convergen y sabes desde dentro, que entre Francia y Honduras hay más trecho que el océano Atlántico.




[i] Maras, forma de pandillas originadas en los Estados Unidos que se han extendido a países como El Salvador, Honduras y Guatemala. En https://en.wikipedia.org/wiki/Mara_(gang)


viernes, 3 de enero de 2020

Podadora de césped ¿Un despertar de la conciencia?


Cuando salimos del país a otra geografía, hay una especie de desdoblamiento. Los tiempos y espacios se escinden y terminamos cruzando a otra realidad en tanto el vuelo llega a su destino. El cuerpo físico sufre y le toma tiempo volver a reintegrarse en el nuevo lugar.

Esta visión de vivir dividida los primeros días en el nuevo sitio desconocido y ajeno, se siente como una resaca sin haber consumido alcohol. Mientras entendemos que dejamos atrás la "zona de confort" y necesitamos adaptarnos, pasa que podemos empezar a sentir un despertar de la conciencia. En mi caso sucedió hace unos días, en horas cercanas al mediodía y se oyó como el sonido que produce una podadora de césped. Sí, así fue.




Estoy en el país en que los pastos y jardines deben ser pulcramente podados cada tanto. Las cuadrículas de los antejardines y parques necesitan estar uniformes para que nada salvaje, o que pueda ser considerado desordenado, dañe la visión armónica del conjunto. 


Estoy en Saint Cloud, Florida, Estados Unidos, despertando. Con ese nombre, que traduciría algo así como Santa Nube,  me da por concluir que este pequeño nicho donde me quedaré las próximas semanas, el cual tiene una población estimada de 54,000 habitantes para 2018[1], es el lugar perfecto para que llegue el 2020. El 2019 representó algunas sorpresas, siendo la mayor de ellas, el ver, sentir, vibrar con/ante, la grandeza de mi país marchando por las avenidas del descontento y la movilización pacífica (ver  entrada https://sandraoye.blogspot.com/2019/12/un-ruido-ensordecedor-creciendo.html). Año grande y pequeño, ancho y estrecho, ácido y dulce. Igual un año de estar presente! 

La vida en estos momentos en que estoy en re-encuentros familiares, visitas a amigos y sus familias, volverá a ser esa fuente pródiga de “tiempo de calidad” que no es otra cosa que uno intenso en memoria, risa, aventuras e historias.



[1] St. Cloud es una ciudad al norte del condado de Osceola, Florida, Estados Unidos… que es parte del área metropolitana Orlando–Kissimmee–Sanford...fue fundada como una comunidad para el retiro de los veteranos de la unión en la Guerra Civil Americana, y ganó el apodo “La ciudad amiga del soldado”. En https://en.wikipedia.org/wiki/St._Cloud,_Florida





domingo, 1 de diciembre de 2019

Un ruido ensordecedor creciendo



En días como hoy me dedico a la juiciosa misión de ver cómo se doblan y desdoblan los recuerdos de la última semana, del último mes y, por qué no, de este fin de año inolvidable. Sin duda, Noviembre, más concretamente el 21N, cambió el pulso a la nación y creó el ruido más grato de los últimos tiempos escuchado en cada rincón de las grandes y pequeñas ciudades. El ruido de la protesta social pacífica fue creciendo en Colombia, hasta volverse audible incluso para los que posan de "sordos, ciegos y mudos".

Foto: SandraE. of course!
Noviembre ha sido el mes de las ciudadanías rebeldes que se expresan. Primero, como ola multitudinaria en las marchas y concentraciones pacíficas que se realizaron para protestar contra el estado general de las cosas: corrupción, sabotaje a los acuerdos de paz, reformas de diversa índole concebidas a espaldas de las mayorías para ajustarse al tamaño de los intereses de pocos, disminución del goce de los derechos humanos, en especial, de los de la niñez y juventud, desigualdad social, exterminio de liderazgos  sin que haya justicia, y un extenso etcétera que podría tomar muchas líneas explicar. Lo importante aquí, es recalcar que las personas se sintieron aludidas por el momento que vivimos y aceptaron la convocatoria a pasar de la inercia a la acción; a dejar de quejarse en pequeños círculos, para marchar y así, dejar oír amplificadas, sus voces de inconformidad. 

Foto: SandraE. of course!
Segundo, después de las marchas siguieron los golpes de cacerolas que desde espacios privados se hicieron sentir en un concierto por la continuidad de la protesta, aún cuando el establecimiento político estuviera tomando medidas de emergencia, como el toque de queda, en ciudades y municipios. Lo emergente es el fenómeno de la participación de multitudes que quieren expresarse más allá del voto, en las calles, parques, balcones y terrazas. 
Foto: SandraE. of course!

Entre las consignas, los cacerolazos y los plantones se han sucedido algunas eventos tristes como la muerte de un joven marchante, la represión, las detenciones arbitrarias y el abuso de parte de las fuerzas de control del Estado. Quieren silenciar este ruido pero no han podido. Al contrario, sigue transformándose en maravillosos y efímeros momentos de creatividad como el del cacerolazo sinfónico: https://www.elheraldo.co/colombia/en-video-asi-se-escucho-este-miercoles-el-cacerolazo-sinfonico-en-bogota-683840 .

Urgente recordar que estos ruidos, estos rumores de descontento, vienen viajando como una gran vibración extendiéndose por toda América Latina. Me gusta pensar en Colombia, como la parte superior de la gran columna vertebral que dibuja este continente, y que como un gran cuerpo, necesita "estirarse"  para "zafarse" de todas las contracturas acumuladas e impuestas. Una gran asana o postura de liberación y desbloqueo, ésta que está viviendo el país y el continente. 

Imposible acallar este ruido ensordecedor que sigue creciendo en Colombia. Como un enjambre de abejas o un rumor de lluvia que se avecina y presagia tormenta, sigue escuchándose a todo lo ancho y largo del país. Una ovación de pie para todo este ruido. Ojalá se vuelva pronto una sinfonía de propuestas entretejidas que lleve a lograr una sólida agenda política para el cambio de rumbo necesario en un país que ya fue el del realismo mágico.  

Fuente: https://kaosenlared.net/latinoamerica-convocamos-a-un-cacerolazo-para-el-1-de-diciembre/

lunes, 11 de noviembre de 2019

11 días de silencio

En mis metas de comienzo de año, asumí escribir mínimo una entrada al mes para este espacio en el que básicamente comparto los viajes y aventuras que emprendo mientras respiro. Este mes llegó el día primero y todavía no tenía en mente un tema que me estuviera presionando desde los huesos para escribir. Aunque siempre cada primero de noviembre durante los últimos 14 años, me pregunto ¿ por qué no estoy en la celebración de día de muertos en México?

He tratado de presionarme para encontrar un tema, sin muchos resultados. Entonces me he quedado reconociendo este silencio como algo justo y necesario. 

En la tarea de reconocimiento de este silencio en que me encuentro, queda una sensación dulce. Una parecida a la que se tiene cuando se observa la puesta del sol en una playa vacía. 


El silencio es paz. Por esto, hace parte de toda rutina de meditación y atención plena o "mindfulness". Sin embargo, como personas no estamos predispuestas naturalmente al silencio. Nos encanta ser palabra en sus múltiples manifestaciones: opinión, argumento, "small talk" o "conversaciones anodinas", blog, je!. Insistimos en que sea el verbo el que nos vuelva carne mientras existimos. 

Entrar en silencio, es un derecho, una necesidad, una terapia. 

Si supiéramos cuánto nos enseña, quizás adoptaríamos como algunas personas proponen en la dieta hacer ayuno una vez a la semana,  quedarnos en silencio por un día. Ya lo decía Jiddu Krishnamurti:
"Solo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio; solo una mente serena pero extraordinariamente activa puede aprender. Escuchar es mucho más complejo de lo que parece, y exige de una gran actividad para comprender lo que el otro nos dice y lo que que no, así como lo que quiere o no decirnos". Fuente: https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-jiddu-krishnamurti
Lo que quiero no decir en esta columna es, bueno sería empezar a tener más actos de silencio en esta vida.

Foto tomada en Laguna de Ubaque, Municipio Choachí, Cundinamarca